Ella estaba en el pecho de él recuperándose mientras él meditaba sobre la situación y es que aún no podía entender lo que le sucedió. Aunque lo sabía de sobra por qué era médico, pero se negaba a aceptar que su mujer tenía control sobre él.
—cariño quisiera pasar así todo el día, pero debemos comer, no quiero quedarme viudo tan pronto.
—ja, ja, ja es cierto, tengo hambre. Aunque me da vergüenza bajar y que todos me vean la cara después de todo lo que hicimos anoche.
—me gustaría mentirte dicien