Cuando llegué a la mansión estaba oscureciendo, lo primero que escuché tras cruzar la puerta principal; voces exaltadas. Estaba discutiendo con Gabriel. Empecé a subir las escaleras, cuando escuché pasos apresurados me detuve a mitad de camino. Al verme su expresión mejoró, sonrió.
—Señorita Denayt —me saludó Gabriel—, es un placer verte aquí.
Lo saludé con un movimiento de cabeza.
—¿Está todo bien?
Me miró fijamente, pensando bien la respuesta.
—No, pero lo estará. Te recomiendo que no saludes a tu esposo —sonrió con sarcasmo —, no está de buen humor.
Cuándo lo está.
El corazón se me aceleró, me llevé la mano al pecho y lo primero que se me vino a la cabeza; Edmundo nos descubrió. Solo pude mencionar su nombre, Gabriel sonrió con cansancio.
—Tranquila, no es nada de eso, es peor.
Abrí los ojos, él siguió su camino, entonces por alguna estúpida razón pensé que al caballero de hielo le había pasado algo. Subí tan rápido, que el corazón me martilleaba la cabeza. Cuando lo vi salir