La oferta era simple; yo ponía la marca, la estructura y el control operativo; ellos ponían capital y rutas exclusivas. Una expansión que me aseguraba influencia real durante los próximos diez años. Pero había una condición no negociable: yo tenía que estar ahí. Querían ver al tipo que decidió no caerse cuando el viejo murió. No aparecer fue leído como debilidad. Y en ese mundo, la debilidad no se perdona. Se cobra con intereses.
Días después, cuando Gabriel estaba más tranquilo volvió a mi of