Es horrible no tener a nadie que te pueda salvar cuando sientes que el mundo se te viene encima. Así me sentí en el momento en el que escuché llorar a mis hermanas con tanto miedo. Me sentí tan mal, mi papá no podía morirse y yo con ese resentimiento, me sentí culpable. Estaba sola, no tenía a nadie así que lo único que se me ocurrió fue correr hacia la persona que más odiaba, la que más daño me había hecho, pero la única con el poder de ayudarme.
Sentí más miedo por su respuesta. Ese hombre cada vez era más indescifrable, parecía un laberinto en el que entras, pero no puedes salir. Vincent no era el tipo de persona que tuviera actos de caridad, así que no quería ni siquiera pensar de qué manera tendría que pagarle. Luego cuando vi a Gael sentí tantas cosas que no supe descifrar, estaba molesta, él no tenía porqué estar ahí. Así que se me ocurrió la grandiosa idea de abrir mi bocota.
Cuando llegamos al hotel estaba aterrada, mi mente me llevó demasiado lejos. Creando escenarios hor