Luego pasamos a un salón más iluminado, el anfitrión quería hacer un brindis por los invitados tan especiales de la noche. Dos profesionales de la industria que lo honraban con su presencia. Vincent Sinclair y Alexander Crane. Miré a Vincent que permanecia impenturbrable, hasta yo me sentí inmocoda, empecé a mirar alrededor para distraerme y algo llamó mi atención, en un extremo del salón, había un piano de cola negro.
Mientras ellos hacían el brindis Abigail caminó hacia el piano, había un brillo oscuro en su mirada, que no pude descifrar. Caminaba con gracia, como esas serpientes venenosas. Miró a Vincent que estaba hablando y por alguna razón sonrió. Luego pasó los dedos por la tapa negra deliberadamente. El gesto atrajo miradas. Volvió a buscar el rostro de Vincent, con una sonrisa desafiante.
—Pero que desperdicio, esta belleza aquí solo de adorno —tocó una de las teclas.
Podía sentir la tensión en el brazo de Vincent, lo miré, su mandíbula estaba tan apretada, que pensé que