Vincent.
Subí al tercer piso y me encerré en mi pequeña oficina. Apoyé una mano en el respaldo del sofá. La madera crujió bajo mis dedos apreté con demasiada fuerza. Otra señal de que estaba perdiendo el control…
Otra vez.
No debí tocar el piano.
No debí permitir que nadie lo escuchara.
Mucho menos ella. El problema no era Abigail, ni Crane, ni el maldito pasado que me perseguía como un fantasma. El problema era esa pequeña bacteria que se metía donde no debía.
Aprendió tan bien que