Ese día no regresé a casa. En lugar de eso, conduje sin rumbo fijo hasta llegar a la antigua mansión de mi abuelo. Una propiedad alejada del ruido, congelada en el tiempo, como un santuario de recuerdos. Me encerré en mi antiguo cuarto; necesitaba espacio, silencio… y demasiadas cosas sobre las cuales pensar.
A la mañana siguiente, el aroma del café recién hecho me sacó de mis pensamientos. Mientras desayunaba en la terraza, con vista al bosque que rodeaba la propiedad, le di algunas instruccio