Capítulo 22

Sus labios se acercaron, su mano ascendió por mi pecho con un toque provocador.

—Estoy aquí, dispuesta a ser lo que quieras, tu complemento perfecto.

La miré. No moví ni un músculo. Dejé que hablara, que jugara su carta.

—¿Terminaste? —pregunté, con voz baja y segura.

Ella sonrió, pero esa sonrisa ya no tenía la misma astucia. En sus ojos, por primera vez, apareció algo que no conocía: duda. Movió su cabello, su perfume se hizo más fuerte invadiendo mi espacio, pero ya no tenía ningún efect
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