El beso no debió pasar.
Y sin embargo, ocurrió.
En medio de un salón aún medio decorado para la boda del año, entre centros de mesa aún sin flores y copas sin vino, los labios de Albert y Emily se encontraron con la fuerza de todo lo que habían callado. Fue un beso lento al principio, como si ambos necesitaran confirmar que no estaban soñando, pero pronto se volvió hambriento, desesperado… inevitable.
Emily fue la primera en romperlo, dando un paso atrás como si hubiera tocado fuego.
—¿Qué… qué