Emily
El silencio era un asesino lento y elegante. De esos que no necesitan cuchillo porque cortan con la incertidumbre.
Emily miraba su teléfono por décima vez en menos de una hora. Nada. Ni un mensaje más. Ni una señal de vida. Solo el texto frío que Albert había dejado en la madrugada:
“Tuve que salir de emergencia. Estoy bien. Te explicaré pronto. Nos mantendremos comunicados. – A.”
Eso fue hace tres días.
Tres.
Días.
Emily había pasado por todas las etapas: preocupación, enojo, negación… y