Emily
Las manecillas del reloj marcaban las nueve y treinta de la noche. El edificio estaba casi vacío, salvo por un par de luces encendidas en el piso ejecutivo. En la oficina de Albert, una caja de pizza abierta, dos botellas de agua, papas fritas medio terminadas y varias carpetas de informes sobre la mesa marcaban la escena del crimen laboral.
Emily estaba descalza, sentada con las piernas cruzadas sobre el sofá, el cabello en un moño desordenado y una mancha de salsa de tomate en la manga