La bandeja de entrada de Emily Thompson tenía veintitrés correos no leídos cuando abrió su laptop esa mañana. El segundo estaba marcado como “Urgente”.
—Felicidades a tu jefe por su futura boda. ¿Ya hay lista de regalos? —decía el mensaje de una proveedora con la que había intercambiado apenas dos correos en el pasado.
Frunció el ceño.
El cuarto correo decía: “Estaremos encantados de colaborar con los obsequios de bienvenida a los invitados del señor Brown. ¿Puedo confirmar la fecha?”
El octavo