Dentro de la habitación, la atmósfera era irrespirable.
En cuanto la puerta se cerró, Nicolás dejó de contenerse. Con un movimiento brusco, empujó a Beatriz lejos de él. Ella tropezó y cayó sobre el colchón de seda, con el cabello revuelto y la bata abierta, una imagen de decadencia y furia.
Nicolás aseguró el revólver en su cinturón, lejos del alcance de ella, y la miró con una mezcla de incredulidad y desprecio.
—¿Qué te sucede, Beatriz? —preguntó, su voz baja y peligrosa, controlando las gan