El sonido no fue un simple estruendo; fue una fractura en la realidad.
El disparo atravesó las paredes de la mansión, rompió el silencio de la lluvia y llegó hasta los establos como un trueno seco y definitivo. En la oscuridad del box, donde minutos antes había reinado la pasión, Valentina se quedó paralizada. El aire se congeló en sus pulmones.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Una punzada aguda, física y brutal, le atravesó el pecho, justo en el lado izquierdo, como si la bala invisible