El coche policial se deslizó por las calles de la ciudad, un torbellino de luces rojas y azules que contrastaba con la oscuridad de la noche. Valentina estaba sentada en la parte trasera, con las esposas apretándole las muñecas. El shock había pasado, dando paso a una furia helada.
Ya no era solo la rabia contra los Ferrán. Era la traición total de Nicolás Valente. Él no era un aliado en la sombra, sino el arquitecto de su perdición. Recordó la última imagen: su rostro impasible, la sangre de B