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Capítulo 84: El vestido blanco y recuerdos del ayer.

En el Ático en Moscú, a una semana de preparativos locos con doña María mandando como general andaluza, flores, menús, invitados, flamenco ensayando en el salón.

Pero hoy es el día del vestido.

Doña María había traído tres opciones de España, no solamente el blanco que le mostró unos días antes, pues ella quería que Sofía eligiera algo bastante especial, entonces había; uno rojo pasión “para mi reina fuerte”, uno negro elegante “para la jefa mafiosa” y uno blanco puro, con encaje delicado, cola larga y escote corazón que marca la pancita sin esconderla.

Sofía se prueba los tres en el dormitorio grande, Viktor esperando fuera con Alexei en brazos, bastante nervioso como un novio primerizo.

Primero el rojo.

Sale de la habitación y da una vuelta entera, el vestido abraza sus curvas, la pancita redonda destacando como una promesa.

Doña María aplaude.

—¡Esa es mi niña! ¡Rojo como la gala que conquistó Moscú!

Viktor traga saliva, y se puso duro como hierro con tan solo de verla.

—Reina… te f*llaría aquí mismo con ese puesto.

Pero Sofía duda un momento y se mira en el espejo.

—Es hermoso… pero no... o sea siento que no... no sé.

Entra de nuevo a la habitación y se pone el segundo, el negro. Elegante, poderoso, espalda al aire.

Doña María asiente.

—Para la jefa que manda en Rusia.

Viktor gruñe complacido y lleno de aprobación.

—Sexy como el infierno. Me arrodillaría ahora mismo.

Sofía sonríe, pero niega sacudiendo la cabeza y tarareando en negación.

—Ah, ah, Tampoco me llama...

Y por último y tercer, el blanco.

Entra al dormitorio sola, se lo pone despacio.

Blanco inmaculado, encaje suave, cola que fluye, la pancita marcada como un símbolo de vida nueva.

Se mira al espejo.

Y los recuerdos vienen como un flash. Blanco como la inocencia que tenía antes de Viktor.

Antes del contrato que la esclavizó.

Antes de esa noche brutal donde él le quitó la virginidad con violencia, sin ternura, solo posesión y rabia. Meses sufriendo debajo de él, lágrimas, dolor, odio mezclado con deseo forzado.

Recuerda la sangre en las sábanas, el llanto ahogado, el “mía” gruñido como una sentencia. Todo perdonado con el tiempo. El amor que creció entre balas, monasterio, hijos.

Pero el recuerdo todavía había quedado como una grabadora en su cabeza, una cicatriz dulce ahora, porque de esa violencia nació esto... amor real, familia, redención.

Sale del dormitorio.

Doña María y Viktor se quedan sin palabras, Sofía de blanco, embarazada, radiante, como una novia virgen y prístina renacida.

Viktor deja a Alexei en el suelo con cuidado sin apartar la mirada de ella, sus pasos son vacilantes pero se acerca con cuidad, temiendo romper este momento de ensueño, y lentamente se arrodilla delante de ella.

—Reina… blanco… como cuando te tomé por primera vez— traga saliva con fuerza tratando de no formar un nudo apretado en su garganta.

Ella asiente levemente y sus ojos se humedecen ante el recuerdo de aquella vez y cierra los ojos soltando la lágrima silenciosa y solitaria.

—Blanco por la inocencia que perdí contigo. Por esa noche que dolió tanto… pero que nos trajo aquí. Perdonado todo, amor. Pero recordado. Quiero casarme de blanco para cerrar el círculo. De inocente perdida a reina encontrada.

Doña María llora, era obvio, ella cuando estuvo enferma que no podía hacer nada, cuando el ya marido fallecido dio a Sofía como mercancía para Viktor en aquel entonces, sabía que nunca había hecho por ella, pero ahora haría todo lo posible por ver a su niña y familia felices, se acerca a ellos y los abraza a los dos.

—¡Mi niña de blanco embarazada! ¡Qué bonito! ¡Sí, blanco! ¡Con mantilla española y todo!

Viktor la mira, no puede evitar derramar lágrimas que corren una y otra vez por sus mejillas.

—Lo que quieras, reina. Blanco. Por ti. Por nosotros. Por esa noche que lamento cada día… y que agradezco porque me diste tu amor igual.

La mira, igualando las mismas lágrimas, el mismo sentimiento, el mismo sonido y latidos del corazón al unísono, él acuna su rostro y se inclina para darle un suave beso reverente de disculpa, vertiendo todo el arrepentimiento que siente, todo el daño que le infligió, querer borrarlo para siempre.

Doña María carga a Alexei y sale con discreción ya imaginando los posibles escenarios que le cuesta imaginar se verdad.

—Bueno, iré a dar un paseo con el niño ¡Pero nada de manchar el vestido antes de la boda!

En el dormitorio, Viktor guía a Sofía hacia la cama, la acuesta boca arriba y con cuidado, sube su vestido blanco con delicadeza y con sus manos le abre las piernas.

—Blanco… inocente… mía para siempre.

Y ahí, le hace el amor de verdad, suave, profundo, besando cada centímetro, lamiendo despacio hasta que ella tiembla, era algo que debía haber hecho desde hace tiempo, con amor cargado de verdad, que la viera de verdad, sintiera de verdad y dedicando a borrar las marcas y cicatrices del pasado.

—Perdóname mi amor, por lo que sucedió esa noche…— susurra él dentro de ella con sus lágrimas abultadas en las comisuras de sus ojos.

—Yo siempre te había perdonado, desde hace tiempo lo había hecho, amor. Ahora... f*llame como el hombre que volviste a ser.

Y él con gusto acelera, los dos gimiendo, el vestido arrugándose bajo sus cuerpos. Ambos se vienen, la liberación los golpea como un maremoto y quedan abrazados, él derrumbándose contra la panza redonda de ella.

—De blanco te caso. Y de blanco te f*llo cada noche de bodas.

Ella ríe suavemente con diversión y le acaricia la barba.

—Y yo te monto de blanco hasta que supliques clemencia, mi amor.

Y finalmente, el vestido elegido y ganador, fue el blanco. Símbolo de inocencia perdida, violencia perdonada, amor renacido. La boda será épica.

Viktor se queda dentro de ella un rato más, los dos temblando en la cama con el vestido blanco arrugado alrededor de la cintura de Sofía como una bandera de rendición dulce. Él la abraza fuertemente, con la cara enterrada en su cuello, respirando su olor a s*xo y a perfume caro que siempre lo vuelve loco.

—Blanco… joder, reina… verte de blanco me mata.

Ella le acaricia la espalda tatuada, uñas suaves trazando las cicatrices viejas.

—Blanco por lo que fui antes de ti. Inocente, virgen, asustada. Por esa noche que me tomaste con rabia, con violencia… sin amor. Me dolió tanto, Viktor. Sangre, lágrimas, “mía” gruñido como una orden.— Su voz es casi un murmullo tembloroso mientras se queda viendo el techo.

Él se tensa un poco, la culpa le carcome la consciencia que había tenido dormida en ese entonces, ahora volviendo como un fantasma.

—Lo lamento cada día, Sofía. Fui un animal, un rey roto que solo sabía poseer.

Ella le pone un dedo en los labios.

—Shhh… perdonado hace tiempo. Pero... tristemente todavía recuerdo, porque de esa brusquedad nació esto, amor real. De esclava a reina. De virginidad perdida a maternidad encontrada. Por eso es el blanco, para cerrar el ciclo, para decirte que te amo incluso con esa cicatriz.

Viktor vuelve a dejar caer su cabeza y solloza suavemente con los hombros temblando, su cabeza contra su pecho y le besa los p*zones endurecidos por el embarazo.

—Te amo con cada parte de mí. La rota y la curada. Gracias por perdonarme esa noche… y por darme todo después.

Le da varios besos en su vientre redondo otra vez, lento, su lengua roza su ombligo.

—Y gracias por este pequeño… que crece de amor verdadero.

Sofía gime suave, le guía la cabeza más abajo.

—Muéstrame cuánto lo lamentas, mi amor… con la boca, demuestra cuán arrepentido estás y lucharás por hacerme feliz.

Él comprendió y por supuesto que no dudó, le abre las piernas, lame despacio la mezcla de ellos dos, dándole atención a su perla hinchada hasta que ella se arquea y se viene temblando, agarrando las sábanas blancas y arrugadas en sus puños apretados.

Después se sube, entra otra vez suave por detrás, cucharita, con la mano en su vientre protegiendo a su segunda descendencia.

—De blanco te tomo ahora de nuevo… suave, profundo, como mereces siempre.

Se mueve lento, besándole la nuca, susurrando “lo siento” y “te amo” en cada embestida.

Ella empuja hacia atrás, gimiendo.

—Así… amor… borra esa noche con esta.

Se corren despacio, largo y lento, él derramándose dentro con un gemido roto contra su hombro. Se quedan enredados, sudorosos, el vestido blanco manchado de placer pero perfecto igual.

Doña María toca la puerta discretamente.

—¡Tortolitos! ¡El modisto viene a tomar medidas finales! ¡Y nada de manchar más el vestido, que es blanco de pura!

Los dos se ríen como adolescentes pillados.

Se levantan, se duchan rápido con manos traviesas y besos robados bajo el agua, se visten.

El modisto llega, ajustes finales al blanco, mantilla española que doña María insiste, velo suave que cae sobre la pancita. Sofía gira delante del espejo, Viktor detrás abrazándola, mano en el vientre.

—De blanco embarazada… la novia más hermosa del mundo.

Doña María llora de alegría, Alexei aplaude desde el suelo.

—¡Mi niña parece una virgen santa! ¡Y mi yerno la mira como si la viera por primera vez!

Viktor le besa el cuello.

—Porque la veo de verdad por primera vez cada día.

Tarde de preparativos, menú final paella con caviar, jamón con blinis, música flamenco y balalaika, invitados confirmados.

Doña María manda, Viktor obedece, Sofía ríe embarazada y radiante. Ya en la noche Alexei duerme, doña María ronca con jet lag.

Viktor y Sofía en la cama, él quitándole el camisón despacio.

—De blanco te imaginé toda la tarde… ahora te f*llo sin él.

La tumba boca abajo con cojines bajo la pancita, entra por detrás suave pero profundo, mano entre sus piernas acariciando el botón húmedo.

—Recuerda esa noche… y siente esta.

Ella gime en la almohada.

—Sí… amor… esta borra todo…

Se mueve fuerte pero cuidadoso, los dos sudando, gimiendo sus nombres en voz baja. Se vienen gritando bajito, mordiendo sábanas para no despertar a la abuela. Después de quedar tan exhaustos y saciados, él se queda besando la pancita desde atrás.

—De blanco te caso. Y cada aniversario te f*llo recordando cómo te perdoné y me perdonaste.

Ella sonríe y se gira para buscar sus labios en un profundo.

—Y yo te monto de blanco hasta que supliques misericordia.

Ambos se duermen abrazados, con el vestido blanco colgado en el armario como promesa.

La inocencia perdida renacida en amor. La violencia convertida en ternura y... la boda será blanca, pura, perfecta.

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