Capítulo 8: El adorno que no habla.
La mañana siguiente fue un silencio pesado. Sofía despertó con las marcas latiendo menos, pero el recuerdo del libro todavía fresco en la mente. La prisionera del zar había aprendido a callar para sobrevivir. Ella haría lo mismo.
Obedecería. Por su madre. Por la deuda. Por la familia que dependía de que ella tragara sin romperse. Pero dentro... dentro guardaría lo que quedaba de ella.
Una empleada entró con ropa nueva: varios vestidos colgados. Sofía eligió uno blanco, sencillo, de tela suave q