Mundo ficciónIniciar sesiónLos meses habían pasado con la lentitud pesada y dulce de un embarazo que ya había dejado atrás lo peor. Las náuseas feroces de los primeros tiempos se habían convertido en un malestar ocasional, manejable con galletas saladas y té de jengibre que Doña María preparaba como si fuera medicina sagrada.
El cansancio seguía ahí, pero ya no la dejaba postrada todo el día; ahora podía caminar por el jardín, sentarse en el sofá a ver a los niños jugar y hasta reírse sin que el estómago se le revolviera. La barriga de Sofía ya no era una curva tímida: era una esfera orgullosa, redonda y alta, que le hacía caminar con ese balanceo característico que Viktor adoraba en secreto y que Alexei imitaba para hacer reír a Nikolai. La pequeña Sofía, la bebé de Ana y Dimitri, gateaba detrás de ella como una sombra curiosa, tocando la barriga con manitas gorditas y diciendo “bebé” cada vez que podía. Misha venía casi todos los fines de semana, y entre él, Alexei y Nikolai habían formado un “equipo de dragones guardianes” que vigilaban la barriga de Sofía como si fuera un tesoro encantado. Una tarde de finales de agosto, Ana llamó a Sofía mientras ella descansaba en el salón con una manta sobre las piernas. —Sofi… ya estás en la semana 20. Es hora de la ecografía morfológica. Podemos saber el sexo con certeza. ¿Cuándo puedes venir al hospital privado? Quiero verte en persona, no por video. Sofía se mordió el labio algo nerviosa y emocionada al mismo tiempo, mirando la barriga que se movía con una patadita suave. —Puedo ir la próxima semana. Pero… Ana, no me digas el sexo. Quiero que sea sorpresa. Para todos. Vamos a hacer una revelación en la mansión. Una reunión familiar. Globo, pastel, todo el drama. Quiero que Viktor se entere al mismo tiempo que yo. Y los niños… los niños van a explotar de emoción. Ana rio al otro lado de la línea, con esa risa cálida de doctora que también era amiga. —Entendido, reina. Nada de spoilers. Solo revisión completa: placenta, órganos, medidas, todo. Y el sexo… lo guardo en un sobre sellado. Tú decides cuándo abrirlo. Sofía sonrió, acariciándose la barriga. —Perfecto. El sábado que viene. Y trae a Dimitri, recuerda, todos deben estar aquí para ese día. Que sea una fiesta de verdad. —Trato hecho. Cuídate mucho, Sofi. Nada de esfuerzos. Reposo relativo, ¿sí? —Sí, doctora. Prometido. Colgó y se quedó mirando la barriga con una sonrisa que le nacía desde el alma. —¿Niña o niño, mi amor? Sea lo que seas… ya te queremos tanto que duele. Viktor entró en ese momento, con una taza de té de manzanilla en la mano. Se sentó a su lado, le puso la taza en las manos y le besó la sien dos veces continuamente. —¿Con quién hablabas, Sofía traviesa? Sofía sonrió, con picardía y algo de misterio. —Con Ana. Vamos a hacer la ecografía de las 20 semanas. Pero… no te voy a decir nada. Va a ser sorpresa. Para los dos. Para todos. Viktor alzó una ceja, divertido. —¿Sorpresa? ¿Me estás torturando? Sofía se inclinó y le besó la comisura de la boca. —Solo un poquito. Pero va a valer la pena. Te lo prometo. Viktor gruñó bajito, poniéndole la mano en la barriga y sintiendo una patadita que lo hizo sonreír. —Este bebé ya me está dando guerra. Igual que su madre. Sofía se rio suavemente con diversión. —Y te va a dar más. Prepárate, mi rey. Porque cuando sepamos qué es… no vas a poder dejar de pensar en nombres. Viktor la abrazó por la cintura, besándole el cuello. —Sea lo que sea… va a ser perfecto. Como tú. Sofía cerró los ojos, apoyando la cabeza en su hombro. —Y como tú. Fuerte, protector y nuestro. Se quedaron así un rato largo, con la mano de él en la barriga y la de ella sobre la de él, sintiendo los movimientos del bebé que ya era parte de la familia. La revelación sería en una semana. Una fiesta pequeña, íntima, llena de globos, pastel y amor. Y cuando llegara el momento… cuando abrieran el sobre… todos sabrían si es niña o niño, pero lo que ya sabían era que este bebé iba a ser amado. Y mientras tanto, por otro lado, Elena ya se había hecho su propia ecografía, y ella ya sabe que es un lindo hermanito para Misha, en casa mientras pensaba, recibe una llamada. —¡Hola, Elena!— sale la voz al otro lado de la línea, Sofía con voz suave pero emocionada. —Te voy a invitar a mi revelación de bebé, aún no sé qué es, me econtraré en una cita con Ana y ella me dirá, pero fuera de eso, quiero que tú, Carl y Misha vengan para ese día. Elena se le iluminaron los ojos, nunca había estado en una fiesta de revelación de sexo de un bebé, y eso también le emocionó. —Estaremos ahí apenas nos digas la reunión de la fiesta. Sofía asintió. —Por supuesto, llega bonita a la fiesta, cuídate mucho, y me saludas a Carl y a Misha. Después de colgar, Elena se ríe suavemente acariciando su vientre, se siente más emocionada, y empezaría a preparar los regalos para este nuevo evento.






