Capítulo 169: Revelación.
Los meses habían pasado con la lentitud pesada y dulce de un embarazo que ya había dejado atrás lo peor. Las náuseas feroces de los primeros tiempos se habían convertido en un malestar ocasional, manejable con galletas saladas y té de jengibre que Doña María preparaba como si fuera medicina sagrada.
El cansancio seguía ahí, pero ya no la dejaba postrada todo el día; ahora podía caminar por el jardín, sentarse en el sofá a ver a los niños jugar y hasta reírse sin que el estómago se le revolvie