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Capítulo 170: Rosa bajo el cielo de Septiembre.

El día llegó con un sol suave de septiembre que calentaba sin quemar, como si el cielo mismo supiera que había que tratar con cuidado a la familia que esperaba abajo. Ana había tomado las riendas de la revelación con la precisión de quien sabe que un secreto así merece ser perfecto.

Ni siquiera Doña María había sido incluida en el plan; Ana, Irina y Olga se habían convertido en un trío conspirador durante días; globos blancos, azules y rosas escondidos en el garaje, un pastel de tres pisos con cobertura blanca impecable que ocultaba el color del interior, mantas extendidas en el jardín trasero, flores silvestres cortadas esa misma mañana y una mesa llena de dulces suaves que Sofía pudiera tolerar sin que el estómago se rebelara.

La mansión bullía de emoción contenida.

Los niños, Alexei y Nikolai, corrían por el jardín con Dragón Gris detrás, gritando “¡va a ser dragón azul o dragón rosa!” sin saber aún qué significaba eso. Doña María había preparado arepas pequeñas, jugo de mora y una natilla ligera “por si la niña tiene antojo”, aunque todavía no sabía que el motivo era mucho más grande que un simple día soleado.

Sofía bajó al jardín apoyada en el brazo de Viktor, con un vestido blanco suelto que caía sobre la barriga ya prominente. Se sentía mejor que en semanas: las náuseas habían cedido lo suficiente para que pudiera caminar sin balde, y aunque el cansancio seguía ahí, la emoción de ese día la mantenía de pie. Viktor la sostenía como si fuera de cristal, besándole la sien cada dos pasos.

—¿Lista, reina mía?— murmuró contra su cabello.

Sofía asintió, con una sonrisa nerviosa y brillante.

—Lista. Pero si me mareo… me llevas adentro, ¿eh?

—Te llevo en brazos si hace falta. Todo el día.

Ana salió a recibirlos con una sonrisa enorme y un sobre blanco sellado en la mano.

—¡Ya están aquí! Todo listo. El pastel está en la mesa, la cobertura es blanca para que no se filtre el color. Cuando lo corten… van a saberlo al mismo tiempo que todos.

Sofía abrazó a Ana con cuidado.

—Gracias… por hacer esto tan bonito.

Ana le besó la mejilla.

—Por ti y por el bebé. Ahora… a sentarse. Los invitados ya llegan.

Los Kuzmin llegaron poco después. Carl bajó del auto con una caja envuelta en papel plateado.

Elena salió detrás, con un vestido celeste que le caía suave sobre la barriga ya visible, el cabello suelto y una sonrisa tímida pero sincera. Misha corrió hacia Alexei y Nikolai, gritando —¡ya llegué! ¡Traje un regalo para el bebé!

Elena se acercó a Sofía, con una bolsa pequeña en la mano.

—Traje esto… aceites de lavanda y un difusor nuevo. Y unas galletas de jengibre que me ayudaron mucho. Para que te sientas mejor.

Sofía la abrazó con cuidado.

—Gracias, Elena. De corazón.

Elena le devolvió el abrazo, más fuerte de lo que pretendía.

—Y… quería decirte algo. Antes de la revelación. Yo también… ya sabemos qué es. Es un niño. Un hermanito para Misha.

Sofía abrió los ojos grandes, emocionada.

—¡Elena! ¡Un niño! Misha va a estar loco de felicidad.

Elena sonrió, con los ojos húmedos.

—Sí… Misha está saltando desde que se enteró. Y yo… yo estoy feliz. Nerviosa, pero feliz. Así que… quería compartirlo contigo. Porque tú también estás esperando. Y porque… porque ya no quiero que haya distancia entre nosotras.

Sofía le apretó la mano.

—No la hay, ya no, ahora omos amigas y nuestras familias… van a crecer juntas.

Carl se acercó con la caja envuelta.

—Para el bebé. Un móvil de estrellas y dragones. Para que sueñe con volar.

Sofía lo tomó, emocionada.

—Gracias, Carl. Es perfecto.

La revelación se hizo al atardecer, cuando el sol empezaba a teñir el cielo de rosa y dorado.

Todos se reunieron alrededor de la mesa: Doña María, Ana con la pequeña Sofía en brazos, Dimitri, los niños formando un semicírculo expectante, Elena y Carl al lado.

Ana colocó el pastel en el centro: tres pisos cubiertos de blanco impecable, sin pista del color interior.

—Bueno… Sofía y Viktor van a cortar juntos. Y cuando lo hagan… sabremos si es niño o niña.

Los niños contuvieron la respiración. Alexei y Misha se tomaron de las manos, Nikolai aplaudía sin entender del todo, la pequeña Sofía gorgoteaba.

Sofía y Viktor se pusieron frente al pastel.

Él le rodeó la cintura con un brazo, sosteniéndola con cuidado. Ella puso su mano sobre la de él en el cuchillo.

—¿Lista, mi amor?

—Lista, mi rey.

Cortaron juntos.

El interior del pastel se reveló: capas de masa azul claro y rosado intenso, alternadas con relleno blanco. Pero el color dominante que salió al corte fue… rosa.

¡Niña!

El jardín estalló en gritos.

—¡Niña! ¡Es niña!

Alexei saltó como loco.

—¡Otra Sofi! ¡Tendré una hermanita!

Nikolai aplaudió sin entender, Misha abrazó a Alexei gritando —¡vamos a tener una prima dragona!

Doña María lloró de alegría, abrazando a Sofía.

—¡Mi nietecita! ¡Otra princesita!

Ana levantó a la pequeña Sofía.

—¡Bienvenida, hermanita! Ya tienes con quién jugar.

Elena se acercó a Sofía, con lágrimas en los ojos.

—Felicidades… va a ser hermosa. Como tú.

Sofía la abrazó fuerte.

—Y tú vas a tener un niño. Un hermanito para Misha. Vamos a ser mamás de niños hiperactivos y muy creativos.

Carl miró a Viktor.

—Niña… una niña. Vas a tener que comprar más pulseras.

Viktor se rio, abrazando a Sofía por detrás.

—Y tú vas a tener que aprender a peinar colitas. Bienvenido al club de padres de princesas.

Carl sonrió, pequeño pero real.

—Quizá… algún día podamos intercambiar consejos.

Viktor levantó su copa de jugo.

—Trato hecho.

Y mientras el sol se ponía, la familia celebró con un gran pastel rosa, con risas y la promesa de dos bebés más en camino, un niña para Sofía, un niño para Elena, cada vez se sentía que la familia se agrandaba.

La reunión siguió alegre y activa, los niños corriendo y jugando, los adultos converaando, Doña María contando historias de como fue que Sofía había sido creada, y las vergonzosas risitas de ella, Viktor escuchaba fascinado, y los Kuzmin también aprendían un poco más de ella.

Y mientras que la fiesta continuaba hasta el anochecer, hasta ahora, todo va bien, y esperar qué más aventura va a traer esta nueva bebé.

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