Mundo ficciónIniciar sesiónUna tarde de viernes soleado pero frío, dentro de cada, la buenas nuevas comenzaron a moverse, ni más ni menos sin perder el tiempo.
La boda ya tiene fecha tentativa; dentro de dos meses, en San Petersburgo, cuando el hombro de Viktor esté al cien por cien y Alexei pueda caminar por el pasillo con los arras, y claro, antes de que a Sofía se le vea la nueva panza. Sofía está en la cocina, organizando su despedida de soltera con una sonrisa traviesa. Una cena privada en el restaurante rooftop de la torre; solo sus amigas más cercanas cuatro mujeres fuertes del imperio, se hicieron amigas cuando Viktor bajó del trono, compartirán champán caro, cena gourmet y… strippers mujeres que ella misma eligió. —Nada de hombres desnudos— le dice a Viktor por teléfono mientras él está en una reunión abajo. —Solo mujeres guapas bailando para nosotras. Tranquilo, amor. Tú puedes mirar si quieres. Viktor se ríe desde el otro lado. —Reina, haz lo que quieras. Yo confío en ti. Mi despedida es mañana; solo copas con los chicos en el club privado de Dimitri. Nada de locuras. Prometido. Ella arquea una ceja aunque él no la vea. —Más te vale, rey destronado. Porque si huelo a perfume barato en tu camisa… te ato a la cama una semana. Él gruñe bajito. —Me encanta cuando amenazas, Mayra traviesa. Pero tranquilo; solo copas, póker y recuerdos. Te amo. Cuelgan con besos sonoros. Esa noche, la despedida de Sofía es exactamente como la planeó; elegante, divertida, caliente pero controlada. Las strippers son profesionales, cuerpos perfectos, bailes sensuales pero sin tocar. Las amigas gritan, ríen, beben. Sofía se sube al escenario un rato, baila como la reina que es, moviendo las caderas con ese vestido negro corto que deja poco a la imaginación. Sus amigas la vitorean. —¡Esa es nuestra jefa! ¡La que domesticó al lobo! Ella se ríe, se baja, se sienta en su silla y manda un vídeo corto a Viktor; ella bailando, guiñándole un ojo, con el mensaje "Esto es lo más salvaje que va a pasar. ¿Y tú?" Viktor responde desde su reunión; foto de una copa de vodka y el texto “Aburrido sin ti. Mañana te cuento. Te amo, reina." Al día siguiente, la despedida de Viktor. Empieza inocente; club privado subterráneo, solo los chicos de confianza Dimitri, tres guardaespaldas leales y dos viejos amigos de la Bratva limpia. Copas, puros, póker, recuerdos de los viejos tiempos, puro cuento de chicos, los clásicos de ellos, ya saben, cosas de hombres. Viktor bebe moderado, ríe y cuenta anécdotas. Hasta que Dimitri, con una sonrisa de diablo, dice: —Jefe… una última noche como soltero. Vamos al viejo burdel de lujo que cerramos. Solo para recordar. Nada de tocar. Solo mirar y brindar por los viejos tiempos. Viktor duda un segundo. —Prometí solo copas… Dimitri le pone una mano en el hombro. —Solo una hora. Por los recuerdos. Tu reina no se enterará. Viktor, con el vodka ya subiendo, asiente. —Una hora. Nada más. Llegan al burdel renovado ahora “club privado” legal. Mujeres espectaculares, semidesnudas, bailando en escenarios privados, esas mujeres perfectas que claramente Viktor compara sin querer con el físico de Sofía con su cuerpo de rollitos y aún con la panza del parto. Champán, luces rojas y música sensual. Viktor se sienta en el sofá VIP, bebe, ríe disfrutando con sus amigos… pero mantiene las manos quietas. Hasta que una morena despampanante, con cuerpo de diosa y ojos que prometen pecado, se sienta a horcajadas sobre él para un baile privado. —Por cuenta de la casa, señor Volkov. Por los viejos tiempos. Él intenta apartarla suavemente y con discreción, sin faltar ningún respeto ni pasarse con las manos. —No, gracias. Estoy comprometido. Pero el alcohol, los recuerdos, la música no ayudaron mucho que digamos… La chica se mueve, roza, le besa el cuello suave, solo un roce, puro juego... puro juego. Y en ese preciso momento, la puerta del privado se abre. Sofía entra como un huracán negro, ojos echando fuego. Dimitri está detrás, cara de culpa absoluta; él la avisó por lealtad, sabiendo que Viktor estaba a punto de caer. Viktor se congela y palidece en segundos, con la sangre que se le bajó de inmediato. —Sofía… Ella no dice nada. Solo mira la escena; la mujer encima de su futuro marido, el beso en el cuello, las manos de él en las caderas de ella aunque solo para apartarla. El silencio inundó la sala, la música hasta se apagó, y todos se estaban viendo entre todos y viendo el escenario, mientras que Sofía solo se lo queda viendo a él fijamente. De repente Sofía gira sobre sus tacones y sale. Viktor no duda, empuja a la chica sin querer pero con apuro, y sale corriendo detrás. —¡Sofía! ¡Espera! ¡No pasó nada! Pero ella ya está en el ascensor, puerta cerrándose. La promesa rota acaba de empezar. Viktor se queda congelado en el pasillo del burdel, la música sensual retumbando bajito, el olor a perfume caro y humo de puros pegado a su camisa. La morena sigue en el sofá VIP, confundida, pero él ya no la ve. Solo ve la puerta del ascensor cerrándose y los ojos de Sofía echando fuego antes de desaparecer. —¡Mierda! ¡Sofía! Sin perder ni un segundo de tiempo, sale corriendo, baja las escaleras de servicio porque el ascensor ya se fue, llega a la calle jadeando, el frío de Moscú golpeándole la cara como un cachetada. El Maybach de Sofía ya se aleja a toda velocidad por la avenida. Viktor saca el móvil, marca su número una, dos, diez veces. Apagado. Dimitri sale detrás, con cara de culpa absoluta. —Jefe… lo siento. Pero tenía que avisarla. No podía dejar que… Viktor lo agarra por la solapa, lo empuja contra la pared. —¡Eres mi hermano! ¡Me llevaste aquí y luego la llamaste! Dimitri no se defiende. —... —Te llevé para recordar, no para traicionar. Cuando vi que la chica se te subió encima… llamé. Porque sé lo que ella significa para ti. Más que esto. Viktor lo suelta, se pasa las manos por el pelo, respirando agitado, con el corazón en un puño y sin saber que hacer. —Joder… no pasó nada. Solo un baile. Un beso en el cuello que ni sentí… Dimitri suspira con la culpa carcomiéndole el alma sintiendo que ha traicionado a su mejor amigo. —Pero ella lo vio. Y para ella… es todo. Viktor se derrumba contra la pared, el frío calándole los huesos, con la cabeza entre las manos y lleno de angustia. —Prometí solo copas… y caí como un idiota. Sube al coche con Dimitri en silencio mortal. El trayecto de regreso a casa es un silencio sepulcral. Llega a la planta 50 a las tres de la mañana. La puerta está abierta... Una maleta cerca de la salida en el pasillo, ropa metida a presión. Sofía está en el salón, de espalda, mirando la ciudad por los ventanales. Alexei duerme en su habitación, ajeno a todo. Viktor se acerca despacio. —Reina… no pasó nada. Te lo juro por Alexei. Solo un baile estúpido. La aparté… Ella se gira, los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, pero la voz fría sale como hielo glacial. —No me toques. No me hables de juramentos cuando rompiste el único que importaba. Él intenta acercarse, pero ella levanta la mano. —Vete. Con tu maleta. La boda se aplaza hasta nuevo aviso. O se cancela. No lo sé. Viktor palidece, siente que todo su mundo se inclina hacia un eje, el peso de sus errores amenaza con aplastatlo sin piedad. —Sofía… por favor… —¡Fuera! grita ella, voz rota por primera vez. —¡Vete antes de que te odie de verdad! Él dudó muchos segundos, y con el corazón apesadumbrado, luego, sin decir más nada ni argumentos con qué defenderse, agarra la maleta con manos temblorosas, y sale al pasillo. La puerta se cierra con un clic definitivo. Viktor Se queda ahí, de pie, la maleta a los pies, el corazón hecho pedazos. Dimitri lo espera en el ascensor. —Ven a mi casa esta noche, hermano... por favor. Viktor asiente sin palabras. En el coche, solo, mira el anillo que aún lleva en el bolsillo el que iba a usar para renovar la promesa. Llama a doña María desde el móvil de Dimitri, voz quebrada. —Mamá… la cagué. Sofía me echó. La boda… La señora chilla preocupada, lo regaña, llora, pero termina diciendo... —Escucha mi niño... arregla esto. O te corto los huevos yo misma. Viktor se ríe amargamente pero con una ligera diversión que le rasca. —Me lo merezco. Pasa la noche en el sofá de Dimitri, sin dormir, mirando el techo. Al amanecer, manda flores. Cien rosas rojas allá en la torre donde yace Sofía y su hijo. Nota: “Perdóname. No pasó nada. Te amo. Soy tuyo solo tuyo.” Sofía las recibe, las mira… y las tira a la basura. Pero guarda una rosa. Solo una. Porque en el fondo sabe que él volverá arrastrándose, y sabe que ella... fue demasiado cruel, casi injusta, ella lo piensa ahora, sí, fue dura, muy dura, pero no pudo soportar ver al hombre que ama en brazos de otras. Es entendible, se dice así misma pensando, porque eso le trajo viejo recuerdos dolorosos, la humillación, la comparación, Anastasia... todo le llega como un mar de fotos como memorias en su cabeza, y al ver aquello no solo sintió una amenaza, sino que pensó que Viktor se iba a olvidar de ella, de que ya iba a ser reemplazada... Y nuevamente sentirse inferior al comparar y autocriticar su propio físico, y de que su cuerpo jamás estará a la altura de lo que Viktor realmente desea en su vida y está con ella es por compasión o lástima interna, pensar en eso, se le llenan los ojos de lágrimas a Sofía, de que le duele haberlo tratado así, pero que también el recuerdo la inundó de nuevo, y eso es lo que más le molesta... y le aterra.






