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Capítulo 73: La familia real en portada.

La gala benéfica anual en el Teatro Bolshoi, reorganizada como desfile de moda para recaudar fondos contra el cáncer infantil,

todo Moscú que importa está ahí; oligarcas, estrellas, políticos con sonrisas falsas y la Bratva disfrazada de filántropos.

Las cámaras ya están en la entrada roja cuando llega el Maybach blindado.

Primero baja Viktor, con un traje negro impecable, camisa negra abierta lo justo para enseñar las marcas frescas que Sofía le dejó anoche, el hombro casi curado pero todavía con un leve gesto de dolor que lo hace más humano, y... más sexy.

En brazos lleva a Alexei, un trajecito de marinerito azul, gorrito a juego y los ojos grises heredados mirando todo con curiosidad de zar pequeño.

Y luego… Sofía.

Vestido rojo puro, largo hasta los tobillos pero con una abertura que sube hasta medio muslo.

Escote corazón que marca sus curvas post-parto perfectas, espalda casi al aire , revelando esos rollitos sin pena, mostrando su belleza tal cual a todo el mundo, el pelo suelto en ondas oscuras que caen como una cascada, los diamantes negros que brillan en su cuello y en el dedo donde ya lleva el anillo de compromiso.

En cuanto pone un tacón en la alfombra roja, las cámaras explotan, flashes como rayos, periodistas gritando nombres.

—¡Sofía! ¡Volkov! ¡Una foto con el niño!

Viktor le pone la mano en la cintura baja, todo posesivo, y le susurra al oído mientras posan.

—Todo Moscú te desea ahora mismo, reina. Y yo soy el que te va a f*llar esta noche. Ella sonríe para las cámaras, pero le aprieta el trasero musculoso de Viktor con disimulo.

—Compórtate… o te f*llo yo en el coche de vuelta.

Alexei, encantado con las luces, agita la manita y suelta un "¡ma-má!" que derrite a medio mundo.

Las fotos salen perfectas; Viktor cargando al niño con orgullo de padre, Sofía pegada a él como una diosa vengadora, los tres formando el trío más poderoso y más caliente de Rusia.

Al día siguiente, las portadas lo confirman.

“La nueva zarina de Moscú y su familia real” – Vogue Rusia.

“Volkov presenta a su heredero: el imperio tiene futuro” – Kommersant.

“Sofía Volkov: la mujer que conquistó al rey destronado” – Tatler, con foto de ella sola en rojo sangre que rompe internet.

Ya de vuelta en casa, por la mañana, Viktor desayuna mirando las revistas que Dimitri ha traído. Sofía entra en bata de seda, Alexei en brazos tomando biberón.

—¿Te gusta ser portada, amor?— pregunta ella, sentándose en su regazo, él le pasa una revista abierta en la foto donde ella sale sola.

—Me gusta que todo el mundo sepa que eres mía. Pero me pone celoso que te miren tanto.

Ella se ríe, le muerde el cuello.

—Celoso de nuevo… bueno, supongo que esta noche te recuerdo quién manda.

Le quita la bata, se sube encima en la silla de la cocina y lo monta despacio mientras Alexei termina el biberón en la trona, ajeno a todo, y bueno, ¿A quién no le gustaría un mañanero así? Por supuesto Viktor no se iba a negar, oh no.

—Para que no olvides— susurra ella, moviéndose en círculos, —que aunque Moscú me desee… solo tú me tienes.

Viktor gime contra su pecho, sus manos vagan por su cuerpo hasta posarse en su trasero y apretar la carne flexible antes de darle algunas suaves palmadas con poco ruido.

—Y solo tú me destruyes… reina.

Cuando Viktor acelera, se abrazan más fuerte entre sí y logran ahogar los gritos y gruñidos de placer mientras llegan a la liberación, quedan temblando, con el sol entrando por los ventanales y las portadas esparcidas por la mesa.

Después de un rato, jadeando al mismo tiempo, Sofía le besa la marca recién que le ha dejado en su piel.

—Ahora sí… somos la familia real. Y que todo Moscú lo sepa.

Viktor sonríe, la abraza fuerte con Alexei gateando hacia ellos.

—Y que sepan también que el rey se arrodilla feliz ante su reina.

Sofía se queda sentada encima de él, jadeando contra su cuello, el vestido rojo oscuro de la gala aún colgado en el armario pero como si lo llevara puesto de nuevo con cada movimiento. Viktor le acaricia la espalda desnuda, sudorosa, la pega más a su pecho tatuado.

—Joder, Sofía… si todas las portadas vienen con desayuno así, que me saquen en primera plana todos los días.

Ella se ríe suavemente y con alegría, luego le muerde la clavícula y deja un rastro de besos calientes por su cuello y la mandíbula incipiente.

—Solo si prometes cargar a Alexei en todas las fotos. Medio Moscú se derritió viéndote de padre sexy con el niño en brazos.

Alexei, desde la trona, suelta un gorjeo feliz y tira el biberón vacío como aplaudiendo la escena.

Viktor lo mira con orgullo absoluto.

—Mi heredero ya sabe elegir timing. Sabe cuándo dejar a papá disfrutar de mamá.

Sofía se levanta despacio, se arregla la bata que ni siquiera llevaba y va a por el niño. Lo saca de la trona, lo besa en la mejilla manchada de leche.

—Este pequeño zar va a romper corazones como su padre… pero solo va a tener ojos para una mujer, como aprendió de él.

Viktor se sube la cremallera, se levanta y los abraza a los dos desde atrás, formando ese cuadro perfecto que ayer salió en todas las revistas.

—Y ese padre solo tiene ojos para su reina. Aunque medio mundo te desee ahora.

Ella gira la cabeza, lo besa suave.

—Que me deseen. Mientras tú me f*lles, me da igual.

Dimitri entra en ese momento con más café, ve la escena familiar y sonríe de medio lado.

—Jefes, las redes están explotando. #FamiliaVolkov es trending número uno. Y #SofíaEnRojo tiene más de dos millones de menciones. Enhorabuena… son los nuevos iconos de Rusia.

Sofía se ríe, se sienta en la encimera con Alexei en brazos.

—Que hablen. Mientras paguen impuestos al imperio, que babeen lo que quieran.

Viktor agarra una revista, la abre en la doble página central; ellos tres en la alfombra roja, él cargando al niño, ella con la mano en su pecho, mirándolo como si el resto del mundo no existiera.

—Esta me la enmarco. Para el despacho. Y para recordarme cada día que gané el premio gordo.

Dimitri deja el café y saca el móvil.

—Por cierto, jefa… su madre ha llamado tres veces. Dice que vio las fotos y que “mi niña está más guapa que nunca” y que “ese yerno mío cargando al nieto parece un santo con tatuajes”.

Sofía se emociona un segundo.

—Llámalo tú, amor. Dile que estamos bien, que Alexei ya gatea por todas las portadas y que la boda viene… cuando todo esté perfecto.

Viktor coge el móvil, y marca el número de doña María.

—¡Suegra! Sí, vimos las fotos… sí, el niño es un modelo nato… claro que lo cargo siempre, es mi príncipe… la boda pronto, se lo prometo… sí, la espero con jamón y tortilla…

Se ríe con lo que sea que le dice la señora, los ojos brillantes. Cuando cuelga, mira a Sofía con cara de niño feliz.

—Dice que me quiere más que a ti porque salgo más guapo en las fotos.

Sofía entrecierra los ojos con diversión y le tira un blini.

—Mentira. Dice que me quiere más porque soy la que te tiene domesticado.

Se ríen los tres, obviamente con Dimitri.

Más tarde, cuando Alexei duerme la siesta, Viktor arrastra a Sofía al dormitorio.

—Ahora sí… ronda privada por ser la reina de las portadas.

La tumba en la cama, le abre las piernas y se dedica adorarla a ella con la boca hasta que Sofía se arquea, agarra las sábanas y grita su nombre sin contención.

Esta vez Volkov no iba a ser tan indulgente, pensaba vengarse, y lo hace, la aplasta contra la cama tomando sus manos por encima de la cabeza, ni siquiera le da tiempo de protestar cuando ya la está empalando.

Sofía grita de placer y felicidad, ella misma se aprieta contra él, y el empieza a moverse como pistón y desenfreno, se le humedecen los ojos sintiendo la dicha mientras mira a su hombre darle con todo.

En estos momentos ambos se dan cuenta que, lo que sucedió en el pasado, quedó borrado, eso ya no existía, no mucho, porque ahora lo único que queda son ellos dos en ese espacio, sólo de ellos y para ellos.

Sofía lo mira indicando que estaba cerca de su liberación, Viktor no dudó, se detuvo unos segundos dentro de ella hasta la raíz, y después de tres segundos se agita golpeando rápidamente hasta que no pueden más y ambos estallan en la dicha del placer más sabroso que hay.

Después de aquella explosión, exhaustos, se quedan abrazados mirando las revistas esparcidas por el suelo.

—¿Sabes qué es lo mejor de ser portada? susurra ella contra su pecho.

—¿Sí, qué?

—Que todo Moscú sabe que eres mío. Y que yo soy la que te hace gemir por las noches.

Viktor sonríe, la besa lentamente, como si fuera una promesa.

—Y lo mejor de ser tu rey destronado… es que me arrodillo feliz cada vez que me lo ordenas.

Afuera, Moscú sigue hablando de ellos, una familia dentro de la mafia que está triunfando con la nueva reina que Viktor ha encontrado, y eso... no saben que aquella mujer, Sofía, venía de la pobreza, marginada, que fue comprada, y no sabía absolutamente nada de las operaciones dentro de una mafia. Y los demás, fuera de la familia, nunca sabrán de su pasado.

Viktor fue afortunado, no solo porque la había conseguido por un contrato, no, sino porque vió lo que ella era realmente, fuera de su físico y aspecto, realmente tiene una gran belleza tanto interna como externa, y eso fue lo que le terminó enamorando.

Dentro, la familia real mafiosa se ama en silencio, con el niño durmiendo al lado y el futuro brillando como los flashes como las de anoche.

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