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Capítulo 46: Celos que queman y Salvación inesperada.

La mansión en las afueras de Nueva York empezaba a sentir el peso de las pérdidas acumuladas, con Viktor recibiendo informes diarios de Dimitri sobre territorios cedidos a los chechenos para priorizar la seguridad de Sofía, su poder mafioso erosionándose como arena bajo olas constantes.

Él se había vuelto un guardián obsesivo, cancelando alianzas riesgosas y delegando operaciones a Leonid, todo para quedarse más tiempo a su lado, tocando su vientre con una reverencia que contrastaba con los celos que lo carcomían cada vez que el socio guapo llamaba.

Sofía, por su parte, navegaba los cambios del embarazo con una determinación que la hacía intervenir en los planes desde la cama, sus sugerencias convirtiéndose en órdenes sutiles que Viktor seguía con aprobación creciente, aunque su frialdad exterior se quebraba en la intimidad, donde confesaba necesidades que lo hacían vulnerable.

Esa mañana, durante el desayuno en el comedor privado, Viktor dejó caer el teléfono sobre la mesa con un golpe sordo, su mandíbula tensa mientras miraba a Sofía con ojos grises ardiendo.

—Leonid acaba de llamar de nuevo, preguntando por ti como si fueras su preocupación personal. 'Dile a Sofía que sus ideas salvaron el almacén del este', dice. ¿Sus ideas? Como si no supiera que eres mía, que todo lo que piensas es para nosotros. Dime la verdad, Sofía, ¿qué pasa entre ustedes? ¿Por qué siempre menciona tu nombre con esa sonrisa en la voz?.

Sofía dejó su taza de té, extendiendo la mano para tomar la de él, sus dedos entrelazándose con un toque que lo calmaba instantáneamente.

—Viktor, mi posesivo, Leonid solo reconoce que soy buena en esto, que mis sugerencias funcionan. Pero si quieres la verdad, tus celos me hacen sentir poderosa, como si fueras a quemar el mundo por una mirada equivocada. Ven, siéntate más cerca y cuéntame qué te quema por dentro. ¿Qué harías si él intentara algo? Dímelo todo, quiero oírlo de tu boca.

Él se acercó, su aliento cálido contra su oreja mientras murmuraba, —Lo mataría despacio, Sofía, le cortaría las manos por tocarte, la lengua por hablarte. Eres mía, y nadie más te mira como yo. Pero joder, me vuelves loco pensando en eso. Prométeme que no le das alas, que cuando llame, me dejas manejar la conversación.

Ella rió bajo, besando su cuello, —Te lo prometo, Viktor. Pero a cambio, déjame hablar con él la próxima vez, solo para que veas cómo lo pongo en su lugar. Soy tuya, pero me encanta verte celoso... me pone traviesa.

La tensión de los celos se acumuló durante el día, con Viktor recibiendo más llamadas de Leonid sobre un intento de asesinato inminente contra él, inteligencia que el socio había interceptado de contactos chechenos aliados a Anastasia.

—Viene por mí, esa víbora quiere mi cabeza para debilitarnos—, gruñó Viktor en la oficina, paseando como un animal enjaulado mientras Dimitri esperaba instrucciones.

Sofía, sentada en el sofá con una manta sobre las piernas, intervino con voz firme, —Viktor, escúchame. Usa esto a tu favor: deja que se acerque, pon una trampa con Leonid como cebo. Si pierdes más poder por salvarme, al menos conviértelo en victoria. Dime, ¿qué piensas? ¿Confías en mi idea?.

Él se detuvo, mirándola con admiración posesiva, —Sí, confío, Sofía. Tus ideas me mantienen vivo. Pero si Leonid está involucrado, no lo dejes solo contigo. Ese bastardo coquetea demasiado. Dime, ¿por qué siempre lo defiendes?—. Ella se levantó despacio, acercándose para besarlo profundamente.

—No lo defiendo, Viktor. Lo uso para ti, para nosotros. Pero si quieres, llámalo ahora y dile que la reunión es aquí, conmigo presente. Así ves que soy tuya, que mis ojos solo te miran a ti.

Él gruñó aprobación, besándola de vuelta.

—Bien, mi reina. Lo llamo, pero si mira mal, lo mato. Te necesito a mi lado, siempre.

La noche trajo el intento de asesinato, con un francotirador checheno posicionado en los jardines, alertado por una filtración que Dimitri había rastreado hasta un traidor interno.

Viktor salía de una reunión tardía con Leonid cuando el disparo resonó, la bala rozando su hombro y enviándolo al suelo con un gruñido de dolor. Sofía, que había insistido en quedarse cerca pese al reposo, oyó el caos desde el salón y corrió hacia el jardín, ignorando las advertencias de Irina, su corazón latiendo con terror al ver a Viktor herido.

—Viktor, no, levántate, dime que estás bien, gritó ella, arrodillándose a su lado mientras Dimitri disparaba al atacante, neutralizándolo con un tiro preciso.

Viktor la miró, sangre manchando su camisa, su voz ronca pero firme.

—Sofía, qué haces aquí, es peligroso. Vuelve adentro, por el bebé.

Ella negó, presionando la herida con sus manos.

—No te dejo, Viktor. Dime qué sientes, háblame, no me dejes fuera de esto.

Él jadeó, tocando su rostro.

—Me salvaste al distraerme con tus ideas hoy, pero ahora tú... si te pasa algo, me muero. Te necesito, Sofía, más que a mi poder.

Ella lloró, besando su frente.

—Y yo a ti, mi rey... mi Viktor. Aguanta, el doctor viene. Dime que me quieres, dilo ahora.

Él sonrió débilmente —Te quiero, Sofía, te necesito como al aire. No me dejes.

Los médicos llegaron rápidamente, suturando la herida en el salón mientras Sofía sostenía su mano, su presencia calmándolo como nada más.

Leonid, que había quedado para la reunión, miró la escena con envidia disimulada.

—Viktor, tienes suerte con una mujer como ella. Si necesitas, yo puedo manejar lo de Anastasia mientras te recuperas.

Viktor gruñó desde el sofá.

—No, Leonid. Sofía maneja los planes ahora. Dime, Sofía, ¿qué hacemos con él?.

Ella sonrió, apretando su mano.

—Lo usamos para infiltrar, Viktor. Leonid, ve y dile a tus contactos que el ataque falló, pero finge que Viktor está débil. Así los atraemos. ¿Estás con nosotros?.

Leonid asintió, —Por ti, Sofía, sí. Pero Viktor, cuídala bien, o yo lo haré.

Viktor lo miró furioso, —Fuera, antes de que te mate. Sofía es mía.

Leonid salió riendo, dejando a Viktor abrazando a Sofía en la cama esa noche.

—No quiero que hable contigo solo, me quema por dentro. Dime que lo entiendes.

Ella lo besó. —Lo entiendo, Viktor. Pero confía, soy tuya. Mañana, planeamos juntos. Dime qué sueñas para nosotros.

Él suspiró, besando su vientre, —Un futuro sin guerras, contigo y el bebé. Te necesito, Sofía, siempre.

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