Mundo ficciónIniciar sesiónViktor no se movió de la silla junto a la cama. La lámpara de noche apenas iluminaba el rostro de Sofía, pálido bajo el vendaje improvisado y la mejilla hinchada que empezaba a amoratarse. El reloj de la mesita marcaba las cinco y media de la madrugada y él seguía ahí, la mano de ella entre las suyas, dedos entrelazados sin apretar, como si tuviera miedo de romperla más.
Cada vez que ella respiraba débil, él contenía el aliento. Cada vez que ella se movía apenas






