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Capítulo 209: Cuando todo se rompe al mismo tiempo.

El aire se volvió denso. No era solo tensión… era esa sensación previa a la violencia, esa fracción de segundo donde todo se queda suspendido antes de estallar.

Viktor no bajó el arma, no respiró más lento, al contrario, tenía la respiración agitada, con el palpitar del corazón en los oídos, no pensaba en retroceder, claro que no, pero por dentro, algo había cambiado.

CatsKills.

La palabra seguía golpeándole la cabeza como un martillo.

Y Yuri la notarlo sonrió, lo vio de adentro hacia afuera, lo sintió por completo.

—Ahí está…— murmuró con una satisfacción enfermiza. —Esa mirada… esa pequeña grieta… Siempre supe que no eras tan sólido como intentabas aparentar.

Dimitri apretó la mandíbula desde su posición, sin bajar el arma.

—Cierra la boca— escupió, tenso. —O te la cierro yo.

Pero Yuri ni siquiera lo miró, estaba más enfocado en Viktor, sus ojos seguían clavados en él, en su víctima que se estaba rompiendo de a poco.

—¿Sabes qué es lo más interesante?— continuó, inclinando ligeramente la cabeza. —No es que no me creas… es que no quieres creerme.

Un silencio se vuelve pesado, bastante peligroso.

Carl tragó saliva, girando apenas el arma hacia uno de los guardias que lo apuntaban, eran demasiados, mal posicionados, encerrados y él... estaba cagado de miedo, sobre todo porque aún le arde la bala que le rozó el brazo, y su adrenalina estaba al cien, las pupilas dilatadas y el sudor corriéndole la sien.

—Viktor…— murmuró apenas, sin apartar la vista del frente.

Pero Viktor no respondió, no podía, también estaba asustado, y no porque estuvieran rodeados perdiendo terreno, sino porque por primera vez… la pelea ya no estaba solo en esa habitación... estaba a miles de kilómetros.

Y eso… lo descolocaba.

Yuri dejó escapar una risa baja.

—Debes estar preguntándote cómo, ¿no?— dijo con calma. —Cómo alguien pudo encontrar ese lugar tan “perfectamente oculto”… tan “seguro”… tan lejos de todo.

Hizo una pausa leve, que se sienta en el aire, en esas cuatro paredes, y eso hace que su sonrisa se amplíe como la de un depredador apunto de saltar.

—Te voy a dar una pista…— susurró. —Nunca estuvieron realmente escondidos.

Los dedos de Viktor se tensaron alrededor del arma.

—Cuidado…— murmuró Dimitri entre dientes.

Pero ya era tarde.

—Desde el momento en que moviste a tu pequeña familia…— continuó Yuri, disfrutando cada palabra. —Desde ese mismo instante… ya estaban en el tablero.

Carl sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Eso es mentira— dijo, más para convencerse a sí mismo que a los demás.

Yuri lo miró por primera vez reconociendo la presencia del más inútil del grupo, y le hizo gracia soltando una pequeña sonrisa con una risita ahogada y cordial dentro de su garganta.

—Ojalá lo fuera.

Se instaló otro silencio por uno... dos segundos... y entonces...

—Ahora— dijo Yuri, casi en un susurro.

Y el infierno se abrió. Los disparos estallaron al mismo tiempo.

El sonido seco de los silenciadores no evitó que la violencia llenara cada rincón de la oficina.

Viktor se movió primero. Siempre primero.

Se lanzó hacia un lado justo cuando una ráfaga impactaba donde había estado un segundo antes. Rodó sobre el suelo, levantando el arma y disparando sin dudar.

Un guardia cayó.

Dimitri reaccionó al instante, girando y disparando contra el más cercano. Dos tiros, precisos. Uno al pecho. Otro a la garganta.

Carl se cubrió detrás de una estantería justo cuando las balas destrozaban la madera, astillas saltando por el aire.

—¡Son más de los que vimos!— gritó.

—¡No te quedes quieto!— respondió Dimitri.

Otro guardia apareció desde un ángulo muerto.

Disparó.

La bala rozó el costado de Viktor, arrancándole un gruñido seco, pero eso no lo detuvo, nunca se habían detenido en una pelea, jamás.

Se impulsó contra la pared, tomó impulso y disparó dos veces seguidas. El hombre cayó hacia atrás, golpeando contra el escritorio de Yuri.

Papeles volaron, la silla de cuero se movió apenas.

Y Yuri… ni siquiera se había levantado, solo observaba desde su posición, con una sonrisa que sí parecía genuinamente mafiosa, por supuesto, con ese anillo grueso que le rodea el pulgar derecho como un símbolo de poder, sabiendo que solo era el guardia de una anciana que era quien llevaba todo el Imperio en sus manos, y él... aunque solo era una marioneta, se sentía poderoso en esa silla, cumpliendo su deseo de sentarse donde su señora se sienta, viendo como si todo aquello fuera… entretenimiento.

—Siempre tan impulsivo…— murmuró.

Dimitri avanzó, cambiando de posición mientras recargaba.

—¡Viktor, tenemos que salir de aquí!

—¡No!— respondió él con una dureza que cortó el aire. —¡No sin saber dónde está!

—¡Ya te lo dijo!

—¡NO ES SUFICIENTE!

Otro disparo resonó, Carl gritó cuando una bala impactó cerca de su pierna.

—¡Mier*a!

Se movió rápido, rodando hacia otro punto de cobertura, respirando agitado.

—¡Nos están rodeando!

Y estaba en lo cierto, más pasos se escuchaban, más sombras rodeaban, más armas, casi estaban acorralados, habían demasiados.

Dimitri lo entendió primero.

Y lo dijo en voz alta, con una frialdad brutal:

—Esto no es para detenernos…

Viktor giró la cabeza apenas.

—Es para retrasarnos— gruñó Dimitri.

Se sintió silencio puro, las balas se detuvieron y esa verdad cayó como un golpe directo al pecho.

Yuri aplaudió lentamente.

—Bravo…— dijo con una sonrisa amplia. —Al fin alguien lo entiende.

Sus ojos volvieron a Viktor.

—Ya estás tarde.

Algo dentro de Viktor se rompió, no por debilidad sino por una claridad de comprensión, pero el miedo seguía ahí, pero ahora tenía otra forma, otra dirección y una sola respuesta.

Y... Avanzó, disparando sin cubrirse nada, sin pensar, por puro impulso, y gracias a eso, un guardia cayó, luego otro y otro.

Dimitri maldijo y lo siguió.

—¡JODER, VIKTOR!

Carl también salió de su cobertura, obligado. El caos se volvió absoluto, los disparos volvieron a ser protagonistas del momento, reventando madera y cristales rompiéndose, las astillas que se esparcen por todas partes, el aire lleno de pólvora.

Y en medio de todo eso... Viktor llegó hasta el escritorio. Apuntó directo a Yuri. A la cabeza, con su respiración agitada y la adrenalina en su punto más álgido donde sus oídos se sentían tapados sin poder hacer más caro que a sus impulsos.

—Última oportunidad— dijo con voz baja, peligrosa. —Dime exactamente dónde está.

Yuri lo miró, sin miedo ni prisa, con esa maldita sonrisa que ya lo sacaba más de quicio.

—Corre.

La palabra se había escuchado en el silencio.

—Corre…— repitió. —Porque mientras tú decides si disparar… ella ya está tocando la puerta.

El mundo se detuvo para Viktor, otra vez, y está vez sí que lo sintió, ese golpe en el pecho, ese jodido presentimiento. Ese algo que no se explica… pero se sabe.

Apretó el arma más fuerte, tanto que los nudillos se le pusieron blancos.

Yuri susurró, apenas audible:

—¿Vas a seguir jugando aquí… o vas a ir a salvar lo que te queda?

Dimitri eliminó al último guardia que quedaba en pie, cada vez que un disparo dejaba de sonar, el silencio se hacía más pesado en el ambiente, roto solo por respiraciones agitadas.

Carl se acercó, pálido.

—Viktor…

Pero no le respondió por segunda vez, es que Viktor no apartaba la mirada de Yuri.

Dos caminos.

Uno solo correcto.

Y el tiempo… ya no estaba de su lado.

—Si estás mintiendo…— murmuró Viktor, con una calma que daba más miedo que cualquier grito. —Voy a volver… y te voy a desear muerto antes de terminar contigo.

Yuri sonrió más.

—Entonces será mejor que no pierdas tiempo.

Un segundo, eso fue todo lo que necesitó.

Viktor bajó el arma.

Se giró.

—Nos vamos— ordenó.

Dimitri no dudó. Carl tampoco. Salieron de la oficina dejando atrás cuerpos, sangre… y a Yuri.

Solo, sentado, esperando, porque él sabía algo que ellos apenas empezaban a entender.

La verdadera pelea… ni siquiera había empezado. Y estaba a miles de kilómetros. Demasiado cerca. De ella.

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