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Capítulo 197: El inicio de la guerra desde dentro.

El piso franco en Moscú ya no era solo un refugio temporal: se había convertido en un centro de operaciones improvisado, con mapas pegados en las paredes, laptops abiertas en varias mesas, teléfonos satelitales cargando y una pizarra blanca llena de nombres, fechas y coordenadas garabateadas con marcador rojo. El reloj marcaba las 03:47 de la madrugada. Nadie dormía y nadie hablaba de dormir.

Viktor estaba de pie frente a la pizarra, con las mangas de la camisa arremangadas y los ojos fijos en el círculo rojo más grande: Herzliya, Israel, con la mente trabajando horas extras para poder resolver dudas y ver por donde empezar bien.

Dimitri estaba sentado en una silla giratoria, con los pies sobre la mesa y el teléfono satelital pegado a la oreja, hablando en voz baja pero firme con su contacto principal en Tel Aviv.

Carl caminaba de un lado a otro, con las manos en los bolsillos del abrigo, mirando el suelo como si las respuestas estuvieran en las grietas del piso, con su zapato elegante arrastrando la punta entre los pequeños espacios.

Dimitri colgó por fin y soltó el teléfono con un golpe seco y soltó un suspiro agotado pero satisfecho por las respuestas de la llamada anterior, al parecer ya tenían todo.

—Ya está. Mi hombre en Herzliya —el guardia que debe favores— acaba de confirmar: Krasnova está ahí. La vieron hace dos horas. Entró al complejo principal en un vehículo blindado negro. No ha salido. El perímetro tiene ocho guardias en turnos de cuatro horas.

Hace una pausa.

—Hay cámaras en todas las entradas. Sensores de movimiento en el jardín interior. Dos perros en el patio trasero. Pero hay un punto ciego: la entrada de servicio al lado oeste. Un conducto de ventilación viejo que no está vigilado. Mi hombre puede abrirlo desde dentro. Puede dejarnos entrar. Uno por uno. Sin alarmas. Sin disparos iniciales.

Viktor se giró lentamente, con los ojos duros como el acero.

—¿Cuántos hombres tiene adentro?

Dimitri miró sus notas una vez más.

—Al menos doce guardias armados. Personal de servicio: cuatro entre cocineros y limpiadores. Krasnova tiene un cuarto privado en el segundo piso. Ventanas blindadas, puerta reforzada, pero el guardia dice que ella duerme sola. Sin compañía nocturna. Solo una alarma silenciosa que conecta con su teléfono. Si la desactivamos… podemos llegar hasta ella sin que nadie se entere hasta que sea tarde.

Carl se detuvo de caminar, ya casi parecía que había hecho un camino en el suelo de tanto estar paseándose de un lado al otro.

—¿Y si es una trampa? ¿Y si el guardia que tienes dentro ya fue comprado? ¿Y si nos están esperando?

Las preguntas de Carl eran rápidas y llenas de dudas e incertidumbre, sabía que cualquier cosa podría pasar, que existen los engaños, que el dinero puede comprar hasta el aliado más confiable, lo ha visto tanto en la vida real como en películas.

Dimitri negó con la cabeza, necesitaba calmar a Carl, de decir que todos sus hombres son de alta confianza y que ninguno lo ha defraudado hasta ahora.

—No. El hombre debe demasiado. Su familia está bajo nuestra protección en Moscú. Si nos traiciona… pierde todo y él lo sabe, está aterrado. Pero aterrado de ella… y más está aterrado de mí. Va a abrir el conducto y va a desactivar la alarma y así va a dejarnos entrar. Pero solo una ventana: esta noche. Mañana cambia el turno. Mañana el guardia nuevo no debe favores, o sino perderíamos la ventaja, así que tranquilo, vamos bien.

Viktor miró el reloj.

—Entonces actuamos hoy de inmediato, saldremos en una hora, un vuelo privado a Tel Aviv y aterrizamos en pista secundaria. Mis hombres en Israel ya están listos: tres equipos de extracción, todas las armas silenciadas, tenemos el equipo de visión nocturna, entramos por el conducto uno por uno, luego neutralizamos a los guardias, sin ruido.

Escribe un mensaje a su piloto para que esté atento a cualquier cosa que en cualquier momento podría indicar la salida, mientras seguía explicando su idea.

—Llegamos al segundo piso y entramos al cuarto de Krasnova. La sacamos enseguida o la terminamos ahí mismo y sin testigos, sin dejar ningún rastro y cuando salgamos… el complejo va arder, que parezca un accidente, que haya gas, cortocircuito, lo que sea, y nadie va a investigar mucho. Nadie va a llorar por una anciana que nadie conocía oficialmente.

Carl tragó saliva con fuerza, las manos temblando y sintiendo frío y un escalofrío recorrer su columna vertebral ante la idea de estar presente en una balacera si es caso se formaba en aquel lugar.

—¿Y si hay civiles? ¿Los cocineros? ¿Los limpiadores?

Él se imagina, disparando y que esas balas caigan en inocentes que no merecen muerte accidental o a un compañero o a él mismo, y eso le hace temblar las manos y ponerlo nervioso, una gota de sudor le recorre la sien y eso que hace frío en Moscú.

Viktor lo miró fijamente, apretando la mandíbula como buscando las respuestas, también sabía de antemano que Carl no era experto, era nuevo en esto, y apenas practicó unos meses con él con un solo arma, pero sabe que eso no era suficiente, en comparación con ellos dos, Carl es principiante, Dimitri y Viktor... años de experiencia.

—Los sacamos primero.— Confirma con decisión. —Los ataremos y dejaremos en el bosque completamente vivos, no mataremos a inocentes. Solo a quien merece morir, Krasnova, sus guardias leales y nadie más, no te preocupes, nosotros haremos la mayor parte, tú cubrirás la espalda.

Dimitri se levantó de golpe estando de acuerdo.

—Entonces salimos en cuarenta minutos. El jet ya está listo. Aterrizamos a las 08:00 hora local. Entramos al complejo a las 02:00 de la madrugada siguiente. Hora perfecta: turno cansado, visibilidad baja. Mis hombres en el lugar ya están posicionados. El guardia abre el conducto a las 01:45. Tenemos quince minutos para entrar a todos.

Escribe en su teléfono un mensaje para confirmar antes d continuar con el plan.

—Después… quince minutos para neutralizar y salir. El fuego empieza a las 02:15. A las 02:30 estamos fuera. A las 03:00 en el jet de regreso. A las 09:00 en Moscú. A las 10:00 de vuelta en la cabaña. Antes de que Sofía y Elena se despierten del todo.

Carl asintió, aunque la mandíbula seguía tensa y lleno de dudas, el músculo le hace un tic que apenas fue escuchado.

—¿Y si algo falla? ¿Y si nos ven antes?

Viktor lo miró sin pestañear.

—Entonces improvisaremos pero no pienso fallar en esto. Porque si fallamos… ellas van pagar el precio, y es lo que menos quiero, así que eso no va a pasar, no mientras yo respire.

Y mientras el reloj seguía avanzando, los tres hombres supieron que el momento había llegado, la guerra estaba apunto de empezar esa misma noche, desde dentro y sin piedad, y sin tener ningún remordimiento, solo con la prormesa de volver sanos y salvos a casa.

El jet privado cortaba la noche a velocidad de crucero, con las luces de cabina apagadas y solo el resplandor azul de las luces de emergencia iluminando los rostros tensos de los tres hombres. Viktor estaba sentado en la ventana, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en la oscuridad exterior, como si pudiera ver a través de las nubes el destino que los esperaba en Moscú.

Dimitri revisaba por enésima vez el mapa digital en su portátil, ampliando las coordenadas del complejo en Herzliya, mientras Carl caminaba de un lado a otro por el pasillo estrecho del avión, incapaz de quedarse quieto.

Ninguno de los tres hablaba, el silencio era pesado, cargado de la misma tensión que habían llevado desde que salieron de la cabaña.

El plan estaba claro: aterrizar en un campo privado, reunirse con los hombres de Dimitri, entrar al complejo, neutralizar a Krasnova y salir antes del amanecer. Pero el aire dentro del jet parecía decir que nada iba a ser tan simple.

Entonces el teléfono satelital de Dimitri vibró con fuerza sobre la mesa haciendo sobresaltar incluso al más estoico.

Dimitri tomó el teléfono al instante. La pantalla mostraba el número encriptado de su contacto principal en Israel: el guardia que había abierto el conducto de ventilación.

Dimitri contestó en el primer tono, poniendo el altavoz para que Viktor y Carl oyeran.

—Habla.

La voz del hombre llegó entrecortada, jadeante, con disparos de fondo y gritos lejanos.

—¡Dimitri! ¡Nos vieron! ¡Tuvieron que improvisar! ¡Entramos por el conducto pero activaron las alarmas internas! ¡Estamos dentro, pero la pelea está a la par! ¡Guardias por todos lados! ¡No podemos llegar al segundo piso sin bajas!

Viktor se levantó de golpe, Carl se le pusieron frías las manos.

—¿Qué carajo pasó? ¿Dónde están ahora?— habló Viktor exigiendo rápidas respuestas.

El guardia respiró con dificultad, el sonido de disparos silenciados y pasos corriendo se oía detrás.

—¡Estábamos a punto de llegar al cuarto de la señora! ¡Pero alguien nos vio en el pasillo oeste! ¡Tuvimos que abrir fuego! ¡Dos guardias caídos, pero ellos también! ¡La pelea está equilibrada! ¡Estamos atrincherados en el corredor central! ¡Necesitamos refuerzos o salir ya!

Dimitri apretó el teléfono.

—¿Y Krasnova? ¿La vieron?

El guardia tardó un segundo en responder, y cuando lo hizo, su voz sonó diferente: más baja, más asustada.

—E-Eso es lo peor... ¡No es ella! La mujer que está en el cuarto principal no es Krasnova ¡Es una impostora! Una mujer que imita su porte, su forma de caminar, hasta su voz... Lleva peluca blanca, maquillaje, ropa igual... ¡Pero no es ella! ¡Es un señuelo! ¡Un clon! La verdadera Krasnova no está aquí ¡Nos tendieron una trampa!

El silencio en el jet fue absoluto. Viktor sintió que el mundo se le detenía y se inclinaba a un solo eje.

Dimitri apretó el teléfono hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—¿Estás seguro de que no era ella?

—¡Sí! ¡La vimos de cerca! ¡No es ella! ¡Es una doble! ¡Y ahora nos están rodeando! ¡Tenemos que salir! ¡Dimitri… devuélvanse inmediatamente! ¡Es una emboscada! ¡Si siguen viniendo… van a caer en la misma trampa!

Carl se acercó al teléfono, la cara pálida.

—¿Y la verdadera Krasnova? Entonces... ¿Dónde está?

El guardia gritó por encima de un disparo.

—¡No lo sé! ¡Pero si esto es una trampa… ella ya sabe que venían! ¡Devuélvanse! ¡Ahora mismo!

Dimitri miró a Viktor.

El jet seguía volando hacia el destino. Pero ya no era el destino correcto.

Viktor tomó el teléfono de las manos de Dimitri, la voz fría como el acero.

—Escúchame. Salgan de ahí. Ahora. No mueran por una estúpida trampa. Nosotros cambiaremos el rumbo y volveremos a Moscú. Y cuando estemos seguros… volvemos a cazar. Pero esta vez… con todo lo que tenemos.

El guardia respondió entre jadeos.

—Entendido… saldremos de aquí… pero… tengan cuidado. Esa mujer… esa bruja… juega con el miedo. Y ya sabe que ustedes estaban en camino.

La llamada se cortó primero con una interferencia antes de llegar un silencio ensordecedor dentro del jet, Viktor miró a Dimitri y a Carl, al parecer la cosa se complicó y muy feo.

—Cambiamos el plan, volveremos a Moscú ya, a donde estábamos antes, ahora, avísenle al piloto, que dé la vuelta. Y que nadie sepa que cambiamos de rumbo.

Dimitri ya estaba marcando. Carl miró por la ventana, hacia la oscuridad.

—¿Y ahora qué?

Viktor se sentó de nuevo, con la mirada fija en el infinito.

—Ahora… esperaremos. Y cuando estemos de vuelta… preparamos algo que ella no espere. Porque Krasnova cree que nos tiene. Pero nosotros… todavía no hemos empezado a jugar en serio.

Carl se sienta pesadamente en una silla, ya no podía sostener su propio peso, aún no puede creer que esto estuviera pasando, pero de alguna manera, internamente sentía alivio de aún no actuar con un arma en mano, de disparar a lo loco, y suelta un suspiro que no recordaba que había sostenido durante la llamada del compañero de Dimitri.

Al tiempo, Dimitri sintió ligera impotencia, quiere decir que ahora les toca empezar desde cero, o sea... regresar a sus pasos, todo aquel esfuerzo quizá habrá sido en vano, sentía una punzada de molestia en el pecho.

Y por otro lado, Viktor estaba que se tiraba del jet hacia el abismo, había apostado internamente de que el plan estaba yendo todo a la perfección, pero vamos a ver que todo había sido una trampa, planificada fría y calculadamente por aquella vieja monstruosa y diabólica, desde lejos parece una anciana común, una abuelita que no mata ni una mosca, pero es todo lo contrario, y nuevamente, estaba un paso o quizás dos más adelante que el de ellos.

Y mientras los tres hombres se hundían en esa pequeña derrota, Krasnova se estaba riendo suavecito desde donde estaba sentada. Yuri le había comentado que uno de sus hombres en Israel le contactó para decirle la sitúación que había sucedido.

Al saber que la emboscada de aquel equipo había fracasado y que cayeron en aquella trampa, Krasnova respiró satisfecha bebiendo una copa de vino.

—Bien hecho, mi querido Yuri, así me gusta, que me traigas buenas noticias.

Yuri asiente con firmeza y en silencio, y sin más informe que decir, este se va de su oficina igualmente de satisfecho por haber alegrado el momento a su jefa.

Krasnova se queda viendo el vacío con una pequeña sonrisa.

—Viktor, Viktor, Viktor... todavía eres un pequeño niño que nunca aprendió a manejar el verdadero poder de la mafia, apenas andas en pañales, querido, te falta... te falta.

Fuera de ello, dentro del jet que volaba de vuelta a Moscú, Viktor sintió un escalofrío recorrer su espalda, se sintió visto, como si lo hubieran llamado, y las manos le sudaron en las palmas, esa extraña sensación que se siente cuando alguien está hablando de ti a tus espaldas. Y seguramente pensaba que esa vieja lo estaría maldiciendo, de que ya sabe el plan fallido de ellos, sabe que ya le avisaron que iban para Israel, pero quizá no sepa aún que ellos van a volver a planificar de nuevo.

Dimitri ya estaba empezando a maquinar en su cabeza en donde podría estar el paradero de esa señora, algún recuerdo, un pensamiento, un viejo lugar, pero le cuesta todavía, y sabe tan bien como Viktor, de que ella ya se dio cuenta del plan fallido, de todo.

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