Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl jet privado aterrizó en la pista privada a las afueras de Moscú cuando el cielo empezaba a clarear con un gris sucio y frío. No hubo bienvenida. No hubo nadie esperándolos en la pista. Solo dos SUVs negros con vidrios tintados y placas sin registro, motores ya encendidos.
Viktor, Dimitri y Carl bajaron en silencio, con los abrigos puestos y las mochilas al hombro. El piloto no dijo nada más que un “buena suerte” seco antes de cerrar la puerta. El avión volvió a rodar hacia el hangar, desapareciendo en la niebla como si nunca hubiera estado allí. El viaje de regreso al piso franco duró cuarenta minutos, nadie habló, ninguno tenía palabras realmente, Viktor miraba por la ventana, con la mandíbula tan apretada que le dolía. Carl tamborileaba los dedos en la rodilla, los ojos fijos en el vacío. Dimitri conducía, con la mirada fija en la carretera, pero la mente en otro lugar. Cuando llegaron al edificio anodino en las afueras, subieron al tercer piso sin usar el ascensor. La puerta del piso franco se abrió con la llave que Viktor llevaba colgada al cuello. El olor a café quemado y a tabaco viejo los recibió como un viejo conocido. Los mapas seguían pegados en las paredes. Las laptops abiertas. La pizarra blanca llena de nombres y coordenadas tachados y reescritos que ahora todo parecía tan inútil, tan... perdedera de tiempo. Viktor cerró la puerta con llave. Y entonces la ansiedad explotó. Carl fue el primero en romperse. Se dejó caer en una silla, se pasó las manos por la cara y soltó un gemido ahogado. —Esto no puede estar pasando… otra vez. Pensé que lo teníamos todo resuelto, oensé que la teníamos, que íbamos avanzando y ahora… estábamos persiguiendo un señuelo. Una doble. ¿Cuántas más hay? ¿Cuántos lugares? ¿Cuánto tiempo más vamos a estar corriendo en círculos mientras ellas están solas? Elena… Misha… el bebé… ¿y si ella ya sabe dónde están? ¿Y si ya mandó a alguien a la cabaña? Viktor se quedó de pie, mirando la pizarra, pero no veía nada. Sus manos temblaban ligeramente, aunque apretaba los puños para disimularlo. La imagen de Sofía dormida en la cabaña, con la mano en la barriga, se le clavaba en el pecho como un cuchillo. —Si le pasa algo… si le pasa algo a ella… a la niña… no voy a perdonármelo nunca. Nunca. Dimitri fue el único que no se derrumbó. Se quedó de pie, con los brazos cruzados y la mirada fría, aunque por dentro sentía el mismo pánico que los otros dos. —Tranquilos los dos, respiren un momento. Krasnova nos tendió una trampa. Bien. Lo sabemos, y seguramente era lo que iba a pasar. Dimitri respira profundamente para poder calmarse él mismo. —Eso significa que nos temía. Que sabía que íbamos a ir por ella, que no quería enfrentarnos de frente, eso es una ventaja porque ahora sabemos que no está en Herzliya. Que usó una doble y que está jugando con nosotros. Pero también significa que está cerca, que nos está vigilando, nos quiere ver correr. Y si nos quiere ver correr… es porque teme que la alcancemos si nos quedamos quietos. Carl levantó la vista, con los ojos rojos de angustia. —¿Y qué hacemos? ¿Volvemos a la cabaña? ¿Las sacamos de ahí? ¿Las llevamos a otro lado? Viktor negó con la cabeza. —No. Si nos movemos otra vez… nos ve. Nos sigue. Nos ataca en el camino. La cabaña es segura. Ana está ahí. Mis hombres están ahí. Doña María, Irina, Olga… ellas las cuidan. Se pasa una mano por el pelo hasta desordenar sus mechones y termina por pasarse la palma por la cara sintiéndose más viejo que antes. —Los niños están jugando. Sofía y Elena creen que estamos cerrando detalles. No saben nada. Y mientras crean que estamos con ellas… no van a entrar en pánico. No van a hacer nada que las ponga en riesgo. Si las movemos ahora… levantamos sospechas. Y Krasnova lo sabrá. Luego hace otra pausa. —Además, si volvemos con ellas, se van a dar cuenta de que algo está pasando debajo de cuerda, si nos ven que vamos y venimos de la nada y otra vez nos movemos todos, se revelará todo y será muchísimo peor. Carl escuchó atentamente junto a Dimitri, saben que Viktor tenía razón de antemano, no pueden estar moviéndose a lo loco y mucho menos demostrar que estaban ocultando algo demasiado peligroso para la familia. Dimitri se acercó a la pizarra y borró el círculo de Herzliya con el dorso de la mano. —Entonces empezamos de nuevo. Desde cero. Pero mejor. Sabemos que usa dobles. Sabemos que juega con el miedo. Sabemos que quiere que suframos antes de matar. Eso significa que no va a atacar de inmediato. Va a esperar. Va a dejar que nos desesperemos. Va a dejar que cometamos errores. Seguía rayando en la pizarra mientras seguía explicando con determinación y experiencia. Pero nosotros no vamos a cometer errores. Vamos a esperar también y a rastrear sus pasos, vamos a buscar sus otras bases. Sus casas viejas. Sus contactos en Moscú. Vamos a encontrar dónde está escondida, en qué madriguera, y cuando la encontremos… no va a haber doble, va a ser ella y va a terminar. Carl se levantó, respirando hondo. —¿Y mientras tanto? ¿Mientras esperamos? ¿Qué le decimos a ellas? ¿Qué les decimos cuando pregunten por qué no volvemos? Viktor miró a los dos. —Lo mismo que antes. Que estamos cerrando detalles. Que RUBCOL necesita más firmas. Que hay complicaciones con permisos y que volveremos en dos días, tres máximo, Ana las va a mantener calmadas. Elena confía en ti. Sofía confía en mí. Y los niños… solo quieren jugar. Mientras crean que estamos trabajando… no van a entrar en pánico. Y nosotros simplemente estamos en medio de este trabajo, de verdad, día y noche. Hasta que la encontremos. Dimitri se sentó de nuevo, abriendo el portátil. —Entonces empezamos ahora. Mis contactos en Israel ya están revisando otros complejos. Propiedades ligadas a K.V. Holdings. Casas en Tel Aviv. Apartamentos en Jerusalén. Y aquí en Moscú… revisamos los viejos lugares de Volkov. Klin. Lyubertsy. Presnensky. Y cualquier propiedad nueva a nombre de empresas fantasma, no pretendemos parar y tampoco pensaremos en dormir hasta que tengamos una pista sólida. Carl se sentó también, con la mirada fija en la pizarra. —De acuerdo, supongo que seguiré dentro, no me voy hasta que esto termine. Elena y Misha están seguros. El bebé está seguro. Y... yo necesito terminar con esto. Por ellos. Viktor se sentó frente a la pizarra, tomó el marcador rojo y dibujó una línea nueva. —Entonces empezamos de nuevo, desde cero. Pero esta vez… esta vez sabemos que no es solo una anciana con rencor, es un imperio y los imperios… se derrumban desde dentro, vamos a encontrar su punto débil y vamos a apretar. Hasta que caiga. Los tres se miraron con la ansiedad todavía ahí, con ese miedo instalado en el pecho y los hace temblar un poco, pero también sienten algo fuerte, más que con determinación, y eso era suficiente para continuar, para empezar de nuevo sin rendirse. Así que Dimitri comenzó a borrar la pizarra una vez más, sus movimientos son más bruscos de lo que parece, tenía que quitar los hilos y los periódicos, todo, para comenzar de nuevo. Viktor se puso a fumar de a dos cigarrillos, sintiéndose culpable por esta ansiedad que quería consumirlo de golpe, y Carl... bueno, estaba sentado en un mueble con ambas manos sobre la cabeza buscando alguna manera de apoyar más, algún recuerdo, pero nada, prácticamente él está fuera de este mundo mafioso y solo sabía noticias viejas y revistas. Los tres tenían el ambiente lleno de tensión, cada uno en su mente estaba ido, perdido en sus propios pensamientos. Mientras tanto, al otro lado en la cabaña en Catskills, todas las mujeres estaban sentadas en la mesa, comiendo en silencio, Sofía apenas saboreando una cucharada del plato de sopa, Elena ni siquiera había mirado la comida que Doña María había preparado, Irina y Olga apenas podían hacer ruido con los cubiertos al comer, Ana intentaba mantener todo casual, natural, y Doña María, miraba a todas sin saber qué decir en la mesa, con las manos un poco temblorosas y nerviosas, con una pequeña sonrisa que nadie veía, ni siquiera ella misma, porque no sabía qué estaba pasando y por qué había tanta tensión en el ambiente. Los niños estaban en la habitación, La pequeña Sofía durmiendo al lado de Nikolai, Alexei seguía dibujando en su cuaderno diferentes dragones de colores y tamaños, Misha estaba posado en la ventana, viendo, vigilando, que nadie se acerque a dejar pequeños regalos como el que recibió su papá aquella noche, él sentía algo a pesar de su edad que algo andaba mal, porque su papá no se comportaba así, y estas vacaciones... se sentían demasiado extrañas. —Papi...— murmura Misha viendo hacia la ventana, como si estuviera esperándolo. Alexei levanta la mirada al escuchar el pequeño susurro de su mejor amigo. —¿Dijiste algo?— pregunta Alexei levantándose de la cama y acercarse a la ventana, quedando al lado de Misha. —Es que...— el pequeño suspira. —Algo se siente raro, como si todos estuvieran tristes...— menciona Misha viendo su reflejo. —Como si todo fuera gris, como si quisiera llover todo el tiempo.— Explicó intentando hacerle más fácil el entendimiento a su mejor amigo. —Ale... todavía recuerdo lo que le dieron a mi papá, no sé mucho de eso, pero siento que algo no está bien, los últimos días mi papá estaba raro, más asustado, menos seguro, y no puedo comprenderlo del todo... La voz de Misha se quebró al final, y no pudo evitar rellenar sus ojos con lágrimas contenidas. —Extraño a mi papá... Alexei al ver que Misha se derrumba y ve sus lágrimas, se le contagian y también se le derraman por las mejillas aguantando el sollozo apretando los labios. —Misha, no llores, no te pongas triste por eso, ellos están bien, papá, el señor Carl y tío Dimitri solo están terminando un trabajo... —le pone una mano en su hombro. —No tienes que llorar, ellos están bien y van a volver ¿Okay? Misha levanta la mirada con lágrimas y asiente comprendiendo a su amigo un año menor, viendo como intentaba calmarlo y se sintió aliviado, se acerca y le da un fuerte abrazo, realmente lo necesitaba. Alexei le da una palmadita en la espalda lo mejor que puede. Luego se separan y ambos se secan las lágrimas. —Vamos, vamos a seguir dibujando dragones hasta que ellos vengan, y crearemos una fortaleza de dragones con Nikolai y Sofía y esperaremos a que papá vuelva sano y salvo. —Está bien.— Responde Misha, dándose cuenta de que, alguien tan pequeño, pudo calmar la tristeza de su corazón, del vacío de su papá, y se sintió familiarizado, Alexei ya se sentía como hermanito menor, y le alivia tenerlo a su lado, de que agradece internamente de haberse hecho amigos en vez de enemigos, y como ellos se hicieron amigos, se siente igual que el señor Viktor con su papá Carl. —Gracias, Ale... Alexei asiente con comprensión y ambos se disponen a dibujar y colorear, los dos en silencio, protegiendo la cabaña como dos dragones protectores, a pesar de ser dos niños pequeños. De vuelta abajo, cada mujer andaba por su lado, Irina y Olga limpiando en silencio, Doña María ya se había ido a su habitación a leer la Biblia un rato, Ana estaba sentada en el sofá atenta a cualquier pregunta de Sofía y Elena. Mientras tanto, Elena estaba sentada mirando hacia la ventana, una rutina que nunca había dejado desde Moscú, y Sofía estaba aún sentada en la mesa con la mirada perdida, ella siente algo en el pecho, algo que no estaba bien, algo de lo que se estaba perdiendo y Viktor no le había dicho. Lo más doloroso para Olga era ver eso, ella también sabía lo que sucedía, así como Ana, y ver a su señora tan decaída, se tuvo que morder la lengua hasta sangrar para no decirle lo que realmente estaba pasando, no quería contarle la verdad, todo por el embarazo, todo por su salud, por el bien de todos.






