Mundo ficciónIniciar sesiónAna se había encerrado en el baño del segundo piso de la cabaña, con la puerta cerrada con pestillo y el grifo abierto para que el ruido del agua ahogara cualquier posibilidad de que alguien escuchara. La pequeña Sofía dormía en la habitación de al lado, vigilada por Doña María que tarareaba bajito mientras doblaba ropa.
Sofía y Elena estaban abajo, en el salón, hablando en voz baja frente a la chimenea, con tazas de té que ya se habían enfriado en sus manos. Las dos se movían algo inquietas, Sofía se tocaba la barriga cada dos minutos, Elena se mordía el labio inferior y miraba hacia la ventana como si esperara ver llegar un auto que no llegaba. Ana sacó el teléfono satelital que Dimitri le había dado antes de irse. El aparato era frío, pesado, sin marca visible. Marcó el número que él le había grabado en la memoria: solo un dígito, el número 1. El tono sonó una vez, dos, una tercera más, hasta que Dimitri contestó al cuarto, voz baja y tensa, con ruido de fondo que parecía viento y motor lejano. —Ana… ¿todo bien? Ana cerró los ojos, apoyando la frente contra el espejo empañado. —¿Dónde están? ¿Ya llegaron? ¿Dónde están hospedados… o escondidos? No me digas que no puedes decirlo. Necesito saber algo. Cualquier cosa. Dimitri respiró hondo al otro lado. —Acabamos de aterrizar. Estamos en Moscú. En un piso franco que Viktor tenía preparado. Nadie nos ha visto hasta ahira, nadie nos ha seguido, así que por ahora estamos bien... por ahora. Ana sintió que el nudo en la garganta se apretaba más y tuvo que tragar fuerte para no no dejar que se forme por completo, su vos se distorsiona un poco haciéndola vulnerable y casi temblorosa. —¿Por ahora? Dimitri… Sofía y Elena están inquietas, y no son tontas. Sofía me preguntó tres veces esta mañana por qué Viktor se fue sin despedirse bien. Elena me dijo que Carl le mandó un mensaje diciendo que ‘volverían pronto’, pero no le cree del todo. Las veo tocarse la barriga más de lo normal, las veo mirar hacia la ventana, las veo sonreír por los niños pero con los ojos vacíos. No puedo seguir mintiéndoles eternamente. No soy buena en esto. Me tiembla la voz cada vez que digo que es ‘solo negocios de la escuela’. Dimitri habló más bajo, casi susurrando para poder tranquilizarla. —Lo sé, amor. Lo sé. Y me mata no estar ahí, de verdad, me mata no poder abrazarte, pero tienes que aguantar un poco más. Solo unos días y ya, estamos cerca de encontrar a Krasnova. Mis contactos en Israel ya tienen una pista sólida: un complejo en Herzliya. Estamos rastreando movimientos. Si la encontramos ahí… terminamos esto rápido, y regresaremos, todos vamos a volver, en menos de lo que canta un gallo, cuando parpadees ya estaré ahí, contigo. Ana se mordió el labio hasta sentir el sabor metálico. —¿Y si no la encuentran? ¿Y si se retrasan? ¿Y si algo sale mal? Dimitri… estoy asustada. No por mí. Por Sofía. Por Elena. Por el embarazo de las dos, que están casi a último mes de parto. Por los niños que preguntan cada hora ‘¿cuándo vuelven papi?’. Alexei y Misha siento que sospechan algo. Nikolai solo pregunta por Viktor. Y la pequeña Sofía… llora cada vez que no te ve. Dimitri cerró los ojos al otro lado de la línea. —Lo sé. Y me destroza. Pero Ana… escúchame. Tú eres la fuerte ahora, eres la doctora, eres la que las puede calmar por ahora, diles que el viaje se extendió un poquito porque el médico quiere más reposo. Dimitri hace una pausa, como si también quisiera aguantar el nudo en la garganta, no quería sentirse vulnerable en este momento, toma un respiro y vuelve acercarse al teléfono. —Di que Viktor y Carl están cerrando detalles importantes para que cuando nazcan las niñas no haya preocupaciones. Que estamos seguros y que volveremos pronto, tienes qué decir que es por ella y los bebés. Y si no te creen… abrázalas. Llora con ellas si hace falta. Pero no les digas la verdad todavía. No hasta que estemos seguros de que el peligro pasó. Ana sintió que una lágrima se le escapaba y que rápidamente se limpia antes de que alguien más se de cuenta. —¿Y si no vuelven pronto? ¿Y si…? Dimitri la interrumpió suavemente con voz firme pero rota sin poder evitarlo. —Vamos a volver. Te lo juro por nuestra hija, por ti, por la familia que estamos construyendo. No me voy a dejar matar por una vieja con rencor. No después de todo lo que pasamos, no después de volver a estar contigo, no después de tener a Sofía, sabes que voy a volver y cuando vuelva… no voy a soltarlas nunca más. Ana soltó un sollozo ahogado, se cubrió la boca con una mano y se aguantó. —Entonces vuelve rápido por favor, porque aquí… se siente vacío sin ti, Sofía y Elena también extrañan a Viktor y Carl, todas queremos que vuelvan, los necesitamos, y los niños los extrañan mucho, y Sofi... Sofi me mira como si me preguntara en donde estás... Dimitri respiró hondo una vez más. —Lo sé, mi amor, lo sé, y por eso terminaremos esto rápido, manténlas ocupadas mientras puedas, piensa en cómo van a ser los nuevos bebés, vayan de compras con escoltas, a un café o un spa para disfrutar de ese viaje por el momento, y si preguntan por nosotros… diles que estamos trabajando para que cuando volvamos… todo sea perfecto. Ana asintió, aunque él no pudiera verla, suspiró temblorosamente. —Lo haré. Pero… prométeme otra vez que no te raptarán y que volverás entero. Dimitri habló bajito, casi como una caricia. —Volveré hasta con el último vello del que no me depilé la última vez desde que te hice el amor. Ana se ríe suavemente aún con las lágrimas, sus bromas le hacen olvidar el precario momento. Dimitri sonríe aunque ella no pueda verlo, sintiéndose satisfecho por haberla hecho reír, su suave y melodiosa risa es música para sus oídos. —Te lo juro por nuestra hija y por ti, por volver a ver esa hermosa sonrisa tuya cada vez que te ríes. Ana se calmó un poco confiando en el amor de su vida y finalmente se despide con cariño y cuelga el teléfono. Respira hondo tomando valor e impulso para poder confiar tanto en todos ellos como en sí misma para proteger a los que están en esta cabaña. Se quedó mirando su reflejo en el espejo empañado, aún tenía las mejillas mojadas por las lágrimas anteriores, pero se las limpia con el dorso de la mano y salió del baño. Con una sonrisa que no sentía del todo, pero que iba a mantener para proteger a todos, y porque confía en su amado Dimitri, y sin más, se va a poner hacer lo que tiene entre manos. Mientras tanto, en algún lugar de Moscú, Dimitri se queda viendo el teléfono, Viktor se le acerca y apoya una mano en su hombro. —¿Todo bien, hermano? Dimitri asiente. —Todo listo, Viktor, Ana es fuerte, y confiaremos en ella. Carl se acerca, los tres se miran entre sí. —Entonces, comencemos con el plan. Viktor asiente para los dos y enseguida empieza con la operación: Eliminación de la Bruja.






