Capítulo 122: El día que el mar fue testigo.
El amanecer en Ostia llegó con una luz rosa y dorada que se derramaba sobre el mar como miel tibia. La villa despertó temprano, con el aroma a café fuerte y a pan recién horneado flotando por los pasillos. Doña María ya estaba en la cocina dirigiendo a dos ayudantes locales que habían contratado para el día, las bandejas de frutas frescas, croissants rellenos de crema, jugo de naranja recién exprimido y esa natilla tradicional que nadie podía resistir. Alexei corría por la terraza con su trajec