Cassandra
La pistola resbaló de mis manos temblorosas mientras el eco del disparo aún resonaba con fuerza.
Pero no había sido el mío.
Giré la cabeza hacia la dirección del ruido y fue entonces cuando lo vi: Nathan.
Estaba a unos metros de distancia, apuntando con su arma hacia nosotros. Con una expresión indescifrable, caminó hacia donde estábamos. —De todos los días para que monten su numerito, tenía que ser el día que estoy en casa —murmuró, como si no acabara de disparar una bala.
Tragué sal