MARCO
Mantenía la mirada fija en la puerta mientras esperaba a que saliera. No lograba entender por qué tardaba tanto… en primer lugar, ni siquiera se suponía que debía acompañarme.
Cuando Dante aceptó en el comedor, sentí una oleada de ira. No porque quisiera salir, sino por la intención detrás de ello.
Bajé la ventanilla. —Ve a ver qué la está reteniendo —dije a uno de los guardias.
Asintió, a punto de irse, cuando capté el rastro de su perfume.
Estaba aquí.
Mi corazón dio un vuelco involunt