CASSANDRA
Él me ignoró.
Ni una palabra salió de su boca, pero su mirada estaba fija en mí con una expresión que no logré descifrar. ¿Ira? ¿Autoridad?
Me negué a dejar que me intimidara, así que mantuve mis ojos en los suyos, mis labios curvándose en una sonrisa astuta. —Te ves cansado, viejo, si se me permite decirlo —añadí con tono burlón—. ¿Seguro que tuviste una buena noche de descanso?
Silencio absoluto. Ahora estaba concentrado en su comida, actuando como si yo no estuviera allí. Como si n