CASSANDRA—Amo… más rápido… más duro, por favor… ¡lléneme con su polla!—Dime qué tanto lo necesitas.—Desesperadamente, señor.—Doblate más, ábrete más —gruñó él—. Dilo… ¿quién es tu dueño?—Usted… le pertenezco a mi amo… ¡solo a usted! —la mujer gritó, y yo deseé con todas mis fuerzas gritarle que cerrara la boca.El aire estaba cargado con ese olor a sexo y sudor que me revolvía el estómago. El sonido de la piel chocando retumbaba en la habitación; gemidos, gruñidos y palabras sucias… yo me quedé congelada, sin atreverme a mirarlos.Quería salir, quería maldecirlo… pero no podía. No cuando temía de lo que él era capaz de hacerme.Los sonidos aumentaron de nuevo, el escritorio crujía, la mujer lanzó un grito agudo y, por curiosidad, giré la cabeza para espiar.Se me cortó la respiración ante lo que vi: la mujer estaba ahora tumbada sobre la mesa, con las piernas abiertas de par en par y las manos esposadas, con los pechos rebotando ante cada embestida brutal.¿Y él?Marco la penetra
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