Cassandra
Mis ojos se abrieron pesadamente. Me estallaba la cabeza y todo se sentía borroso.
Intenté levantarme, pero ni siquiera podía mover las piernas; mi cuerpo estaba demasiado débil. Intenté inhalar y exhalar, pero no funcionaba.
Espacio.
Eso era lo que necesitaba.
Necesitaba un poco de aire fresco, pero estas malditas paredes no lo permitían. Y ni hablar de las rejas de hierro frente a mí. Sentía que se cerraban sobre mí a cada segundo.
El pánico recorrió mis venas. —Sáquenme de aquí.
Si