Cassandra
Han pasado DOS días.
Dos días encerrada en una celda. Dos días de dolor, hambre y agotamiento. Marco estaba cumpliendo su palabra al pie de la letra.
Tenía la garganta seca, el estómago me rugía, estaba débil y mi temperatura corporal parecía agua hirviendo. La habitación apestaba a mi propia orina. Aunque no era mucha, ya que no tenía nada que beber. ¿Y ante todo esto? Me mantuve callada.
No golpeé las rejas, no supliqué por agua, no rogué para ir al baño. Me quedé en silencio, como