Cassandra.
Me aseguré de no mostrarlo.
Mi debilidad. Mi dolor. Mi ira. Y tantas otras emociones que se arremolinaban en mi corazón. Las escondí tras la fachada de una sonrisa. No porque no estuviera agotada. No porque el olor de la celda no me revolviera el estómago.
¡Sino porque sabía que me estaba observando! Esperando el momento en que me quebrara, o tal vez le suplicara, y por eso tenía que demostrarle que se equivocaba.
Para demostrarle que nada iba a cambiar. Él estaba acostumbrado a impo