–Hola Tomás, no esperaba verte por aquí –Pablo creyó ver como un obstáculo más el encontrar al hijo de Martín trabajando en el pequeño mercado: solo serviría para demorar aún más las cosas. Era de suponer al muchacho en camino a Vancouver, listo a tomar su nuevo trabajo e iniciar sus cursos de navegación marítima.
–Es mi último turno –dijo Tomás entregando una pesada bolsa a una muchacha de no más de diez y seis años–, mañana parto para no volver.
–Estoy seguro de que volverás, a