Para suerte de Aileen, en la estación solo se encontraba un policía. Se trataba de Steve, un joven de cabellos claros y ojos oscuros, quien no superaba los veintitrés años. Ella lo había visto varias veces, algunas de ellas patrullando las calles del pueblo y en otras disfrutando de la vida social como cualquier joven de los alrededores. Durante los primeros días de las gemelas en su nuevo hogar, Steve se había mostrado interesado en ellas, como lo habían hecho la mayoría de hombres jóvene