Pablo pudo darse cuenta del conocimiento de su vecina en la ciencia de las cartas. Las manejaba con bastante agilidad y se hacía evidente cómo no era ésta la primera ocasión en que las leía. En el fondo no creía mucho en esa clase de cosas, pero le parecía bastante simpático ver a una mujer tan encantadora, tan dulce y tan atractiva, haciéndolo. Pero por encima de todo, era consciente de cómo hasta el momento no había pasado por su mente ningún otro camino a seguir. Hubiese podido tratar de con