“Muchas veces terminamos haciendo lo que nunca nos imaginamos. Me pasé cuatro años estudiando para enfermera y ahora me limito al cuidado y mantenimiento de un faro”. Aileen llevaba varios minutos inmersa en sus pensamientos mientras disfrutaba de la comodidad de su silla reclinable. Le gustaba su cuarto de estudio con las paredes forradas en paneles de madera, la gruesa alfombra de tonos azules y verdes, y la decoración de cuadros y estatuillas de diferentes tamaños, los cuales evocaban aquellas escenas propias de los mundos fantásticos, en donde personajes como las hadas, los duendes y los magos son tan comunes como los automóviles y taxis en una foto de la quinta avenida de Nueva York. Miró el reloj de pared y recordó no haber cenado todavía. Con la agilidad de un gato se puso de pie y en pocos segundos se encontró en la cocina calentando un plato de arroz chino que había sobrado del almuerzo. Afortunadamente todavía tenía un par de cervezas en el refrigerador, y agarrando una