Apenas llegó a su despacho, Alejandro dio la orden:
—Sergio, que Simón salga ahora mismo rumbo a Reeton.
—Enseguida.
—Dile que lo haga con discreción —añadió—. No quiero que Luciana se entere.
Aún no sabían quién estaba detrás; si ella llegaba a saberlo, viviría en vilo. Mejor mantenerla tranquila hasta entender la magnitud del riesgo.
—Entendido.
Sergio colgó, no sin pensar que Alejandro cuidaba a Luciana con una dedicación absoluta; parecía empeñado en envolverla en papel burbuja.
***
Aquella