—Así es. —Rosa esbozó una sonrisa seca—. A tus órdenes.
—Claro.
La mañana fue intensa, pero enseguida retomó el ritmo. A la hora del almuerzo bajó con su grupo al comedor; para celebrar, Luciana pasó su tarjeta por todos.
—¿Invitación de ingreso nada más con la comida del hospital? —se burló uno.
—¡No nos alcanza para tu “estatus”! —añadió otro.
Luciana se rio:
—La verdadera invitación vendrá, tranquilos. Hoy come quien quiera, yo pago.
—¡Eso es trato VIP! —aplaudieron.
Desde que el hospital cam