—Alejandro —lo llamó Juana, alzando la vista—. Te presento al que te comenté: el novio de Luciana… bueno, todavía no —añadió, guiñándole un ojo a Ciro—, pero yo digo que pronto lo será.
“¿Ah, sí…?”
Alejandro medía un poco más que el propio Ciro; lo observó por debajo de las pestañas, con esa elegancia casi displicente que dominaba.
—Mucho gusto. Alejandro Guzmán.
—Ciro Ramos, encantado.
Juana aplaudió la coincidencia:
—¡Ya que nos encontramos, por qué no comemos todos juntos? Entre más, mejor, ¿