Era Juana.
Abrió la puerta y se dejó caer junto a ella.
—¡Qué coincidencia encontrarte otra vez!
—Sí, Muonio resulta ser un pañuelo —rio Luciana.
Juana echó un vistazo a su alrededor.
—Oye, esto es ropa de hombre… ¿Compras para…?
—Lu-ci-a-na… —interrumpió Ciro, saliendo del probador con una camisa por acomodar.
Juana se puso de pie de un brinco, lo repasó de arriba abajo y soltó sin filtro:
—¡Está guapísimo!
Luciana rio por lo bajo.
—Sí, la genética ayuda —admitió; los rasgos mestizos de Ciro —a