Dentro iba el collar de diamantes que Adrián le había colocado la noche anterior.
El rostro de Adrián se ensombreció; su orgullo quedó a la intemperie.
—¿No te gusta? No importa. Llévalo por ahora y luego compro algo que sí te agrade.
—No es eso —negó Luciana—. No puedo aceptar regalos suyos. Además, no… no siento nada en ese sentido por usted.
—¡Adrián!
Un chillido cortante resonó en el pasillo.
Luciana alzó la vista. Una mujer de mediana edad, impecablemente vestida y maquillada, se acercaba c