—Y hay algo más —continuó Sergio—. Juan mencionó que la señorita Soler estuvo en la sala de descanso, pero se fue cuando vio que no llegabas.
El mensaje era claro: Mónica probablemente vio el vestido. Y precisamente porque lo había visto, fue que, junto a la piscina, agarró a Luciana, provocando la caída al agua.
Los labios de Alejandro se tensaron, sus ojos oscurecidos por una frialdad impenetrable. Sin decir una palabra, dio media vuelta y salió del salón.
En el pasillo, se encontró de frente