—Si necesitas hacer algo, no te quedes solo por mí —añadió Fernando, llevándose a los labios la taza de un té especial que Luciana había pedido a Tomás para ayudarlo a dormir un poco, considerando que abusar de pastillas tiene sus consecuencias. Esas infusiones le daban la posibilidad de dormir unas tres o cuatro horas, algo que para él ya era un avance.
—No soy un niño… no necesito que estés todo el tiempo al pendiente —dijo Fernando con una pequeña sonrisa—. Total, sé que igual volverás.
Lucia