—Mo-Mónica… —Clara, al ver a su hija, de pronto sintió un deje de culpa.
La reacción de Mónica confirmó que esas palabras eran más que un simple arrebato. Se quedó sin aire, abrumada por la revelación. Se incorporó de la silla, apuntando a su madre con el dedo.
—Tú… —Mónica dirigió la mirada a Luciana, sintiéndose ridícula ante ella. “Seguro en su interior se burla de mí; debe estar disfrutando al verme así”, pensó con amargura.
Su “verdadero amor” de sus padres, el que siempre presumía, ahora e