Alejandro se alarmó.
—¿El balcón? —Recordó la decoración con flores de mariposa, las mismas que…—. Luciana, si no te gustan, ahora mismo pido que las retiren…
—¿Quitarlas? —lo interrumpió, echándole una mirada que destilaba cierta ironía—. ¿Para volver a enviárselas a ella al hospital, igual que las de Casa Guzmán?
A veces los resentimientos son como minas ocultas: si las pisas, explotan. Aunque uno finja que no existen, siguen ahí.
—Luciana… —Alejandro frunció los labios, sin saber cómo rebatir