Como suele pasar, lo que temes acaba sucediendo: esa misma noche, tras la última sesión del congreso, Luciana regresó al hotel sintiéndose mal. No paraba de estornudar, le goteaba la nariz y, al tocarse la frente, notó un leve calor.
—¿Fiebre? Vaya… —susurró, preocupada.
Siendo una mujer embarazada, no podía medicarse a la ligera. Preparó agua caliente, bebió todo lo que pudo y se cubrió con una manta, con la esperanza de que le bajara la fiebre sudando un poco. Poco a poco, se quedó dormida.
El