“Así que vino en serio”, pensó Alejandro, sintiendo una oleada de celos y amargura. ¿Acaso Luciana habría llamado a Fernando en vez de llamarlo a él? Esa sola idea le calaba hondo.
—Señor Domínguez —dijo con desdén—. A esta hora, afuera de la habitación de mi esposa… ¿te parece apropiado?
Fernando soltó una risa burlona. Notaba la tensión entre Luciana y Alejandro. Estaba claro que si su relación marchara bien, ella jamás habría recurrido a él.
—No sé si sea “apropiado” —contestó con un deje de